Los resultados de la dejación y el mal hacer los estamos padeciendo hoy en materia de seguridad. La pasada madrugada volvió a repetirse otro suceso con resultado de muerte. La víctima estaba en la calle, atendiendo su negocios y su muerte se produjo ante la mirada de muchas personas, entre ellas niños. El resultado podría haber sido incluso peor.
Ya hay quienes hoy se lanzan a efectuar pobres conclusiones argumentando que este tipo de sucesos se da en determinados núcleos delincuenciales. ¿Acaso es esto excusa para algo?, ¿acaso, dando por válido el argumento, justifica algo más allá de pretender tapar el fracaso que se arrastra desde hace años en seguridad?
Otros, de forma oportunista y olvidando que ese oportunismo no vale en ámbitos como la seguridad, se apresuran a pedir la cabeza del delegado del Gobierno. Las actitudes pueriles y los odios personalistas se cuelan en demasiadas ocasiones en política y eso es malo, muy malo, para nuestra ciudad.
Hoy volvemos a hablar de muertes, de armas, de pistoleros que actúan sin miedo a la Policía. Claves que no hacen más que reflejar que llevamos mucho camino perdido tras fracasos demasiado consentidos en este campo.
Los pistoleros se han hecho fuertes, la entrada de armas es una realidad, la formación de grupos que demuestran públicamente su enfrentamiento dejando incluso víctimas inocentes en el camino está a la orden del día. Reconociendo los fallos puede pensarse en tener mejoras y para ello hace falta medios, buenos jefes y una dirección adecuada menos obsesionada en limpiar su imagen ante la prensa y más en buenos resultados.
Hoy Ceuta no puede vender buenos resultados porque no los hay. De hecho, llevamos años de déficit ante una violencia organizada que no se frena ni con operaciones paripé de corte electoralista ni llamando tontos a unos delincuentes demasiado crecidos.
La muerte de otra persona, la frialdad de unos pistoleros que se saben fuertes en un lugar en donde su comisaría funciona como un supermercado y permanece cerrada mientras en las calles pegan tiros, el politiqueo que caracteriza la política de seguridad reducida a la venta de estadísticas conforman un cóctel de presión indecente para esta ciudad.
Si no queremos que llegue el tiempo en que ni reconozcamos Ceuta habrá que actuar de una forma adecuada lejos de prejuicios, de oportunismos y de nefasta coordinación.





