Siempre, desde que tenemos muy poca edad, tenemos que decidir sobre muchas cosas. Algunas de ellas son de escasa importancia, pero otras significan algo serio en nuestras vidas y en la relación con los demás, tanto si se trata de sólo una persona o agrupaciones de ellas. Ni siquiera cuando se está callado se deja de intervenir en la vida de la sociedad. Hay silencios que pueden tener mucho más peso que un razonamiento.
El ser humano, por tanto, tiene una especial responsabilidad en la vida de la sociedad y no siempre es consciente de ello y se deja arrastrar por lo que se dice por unos u otros sin haber puesto más que un mínimo de voluntad personal en entender de esa cuestión. Una sociedad así, ofrece poca confianza.
Desgraciadamente se dan bastantes casos en los que una asociación –pequeña o grande– vive sin una orientación plenamente definida y actúa a la ligera, según las circunstancias o a capricho de alguien. Esa forma de actuar produce anomalías que, a veces, son de especial gravedad y resulta complicado tratar de ordenarlas adecuadamente para el mejor entendimiento y forma de vida de todos los que, de alguna forma, tienen que ver con ese asunto. Ésta es la situación en la que se encuentra el mundo occidental, especialmente, por la aparición de ciertos movimientos ofensivos que tratan de imponer su voluntad en determinados territorios que, aunque algo lejanos, nos afectan de una forma que conviene sea definida por los respectivos gobernantes. Algunos pasos se han dado en ese proceso de la decisión que no es fácil y que cuenta con antecedentes recientes, más cargados de malos resultados –o de pobres resultados– que de logros completos de objetivos importantes. Tal vez debidos a falta de concordancia de las mentalidades de unos y otros. No hay que olvidar que en la mayoría de las controversias no hay unidad de pensamiento y es muy difícil convencer a mentes que están educadas en la negación de razonamientos y a favor de la fuerza orientada hacia la venganza. Esa falta de armonía se viene dando en nuestras cercanías y, por ello, es muy necesario que cada persona viva con la mayor rigurosidad el propio proceso de la decisión. Pensar muy bien lo que se hace y para qué es necesario hacerlo. Ahí tenemos el caso de los resultados que obtienen los equipos de fútbol, que también están necesitados de particulares procesos de la decisión con objeto de encontrar una regularidad de funcionamiento y de resultados que por ahora no se dan. Son cuestiones muy distintas el funcionamiento de los equipos de fútbol y el de una Nación o conjunto de ellas, como es el caso de la OTAN y el Gobierno de Europa, pero en el fondo se encuentran las mismas bases de planeamiento y de afán de lograr la victoria o, cuando menos, la estabilidad en el funcionamiento diario. Sinceramente y sin necesidad de ejemplos deportivos, la realidad política mundial y la de cada Nación en particular requieren el máximo de atención y rigurosidad en los análisis de las situaciones.
Necesitamos un cierto orden en la vida social de las naciones europeas; España incluida, naturalmente. Tenemos pendientes una serie de asuntos de la máxima importancia y es de desear que la atención a ellos sea máxima y rigurosa, tanto por parte de los gobernantes como por todos los españoles –mujeres y hombres, naturalmente– para que el proceso de la decisión, en cada caso concreto, dé unos frutos de acuerdo con lo que es justo y nos proporcione paz y buen entendimiento entre todos.
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