El enfrentamiento abierto entre sindicatos y el médico de la unidad sanitaria del Cuerpo, el doctor Antonio García Mena, no ha hecho más que empezar. Quien encendió la mecha fue la UFP, pero finalmente han sido el resto de entidades (SUP y CEP) las que también se han sumado a esa crítica hacia un médico que defiende su trabajo como la mejor de las medicinas para terminar con ese 0,1% de agentes que, dice, “viven de la Policía”.
A las denuncias de acoso y presión sobre los policías que están de baja se añaden otras, que van camino de engordar un caso que tiene visos de judicializarse. Mientras el jefe superior del Cuerpo, Pedro Luis Mélida, ha trasladado el ya mediatizado asunto a Madrid, en Ceuta la Jefatura vive otro de sus sarpullidos cíclicos, con agentes que piden a los sindicatos una defensa a ultranza y otros, enroscados en la cúpula, que aconsejan al doctor eso de ‘mejor calladitos’.
Entre esta maraña de situaciones aparece el famoso ‘pinchazo’: unas fotografías que obran ya en poder de media Jefatura en las que se ve a policías de la unidad de Automoción cambiándole la rueda al coche del doctor después de que sufriera un pinchazo. Todo esto a las puertas de la Jefatura. La circular ordenada por la Dirección General de la Policía Nacional desde el año 1998 es clara y sigue vigente: “Está expresamente prohibido el requerimiento de grúas o la presencia de funcionarios de Automoción para resolver los pinchazos de las ruedas de los vehículos policiales, correspondiéndole al conductor usuario, cualquiera que sea su escala o categoría, la sustitución de la misma por la de repuesto”. ¿Qué significa esto? Que si a un policía nacional patrullando por el Príncipe se le pincha la rueda, se la cambiará él solito, sin recurrir a estos servicios. UFP protesta: ¿A los policías se les exige cumplir esto y a un médico de la unidad sanitaria no?, ¿el servicio de Automoción sí puede funcionar para arreglar el pinchazo del doctor? El médico se excusa: él nunca pidió que le arreglaran la rueda, fueron los agentes los que pararon y se la arreglaron. Es decir, un servicio público se habría utilizado a las mismas puertas de la Jefatura para un arreglo privado por pura lástima.
Lo que pasa es que la circular de la Dirección ni entiende de lástimas ni de caridad... al menos en el caso de que los pinchazos sean de policías. El sindicato ve con malos ojos esta situación, convertida ya en uno de los asuntos más comentados en la Jefatura, y pide que se aclaren los hechos. Unos hechos que se añaden a los que han saltado a la palestra esta semana, con los representantes de los trabajadores en pie de guerra y un médico que pone sobre la mesa la necesidad de controlar las bajas. A Mélida el caso le estalla en las manos: el objetivo de las críticas no es un policía, es un doctor. Madrid tiene la salida.






