El veto del festival Rotoctom en Benicasim a un cantante norteamericano judío por sus creencia religiosas, por negarse a hacer una declaración política en contra de Israel, esconde muchas más miserias de las que aparentemente se ven.
La existencia de instituciones que promueven el odio a creencias religiosas o a la pervivencia en paz de países es execrable, impropio de un país que se considere civilizado y de una ciudadanía que aspire a salir de la cola de los países más iletrados de la OCDE.
Que además estas instituciones de carácter fóbico tengan el suficiente poder para impedir “gestionar con lucidez” un espectáculo público, denota dos terribles posiciones: la primera es el miedo atroz y público a lo que estas instituciones xenófobas y racistas puedan hacer, y la segunda la escasa fortaleza intelectual de los que gestionan estos eventos, lo que claramente los inhabilita como gestores públicos.
Por otro lado que tanto IU como Podemos respalden el veto al cantante, no me sorprende. No se le pueden pedir peras al olmo. Los radicales solo dan el fruto del odio compulsivo y visceral hacia todo lo que sea diferente a ellos, todo lo que pueda significar o recordar libertad, diversidad, y la existencia de todo un mundo que piensa de forma disímil.
Hay que recordar claramente que el PSOE sostiene con fe ciega a estos radicales de Podemos en diferentes gobiernos locales y regionales bajo sus distintas franquicias electorales. El PSOE no ha dudado ni por un momento retirarles el apoyo por esta acción xenófoba, y en un ejercicio más de esquizofrenia galopante ha lanzado un comunicado lamentando este suceso; o se está a favor, o en contra. El PSOE debería vigilar más a sus socios y compañeros de viaje.
No se ha vetado al cantante por lo que propugnan sus canciones, sino por su condición semita, por negarse a dejar de ser semita. Es tan escaso el criterio moral que la organización aplica a sus actuaciones, que entre el elenco de participantes se encuentran rapsodas violadores, homófobos declarados, y otros ex convictos. Nadie puede apelar al sentido moral o moralista de este concierto.
Nadie parece darse cuenta de que el verdadero ogro social no es el cantante sino aquellos que proponen medidas de exclusión social a personas y países por su condición religiosa, y aún peores los que se dejan empujar por esta enemistad manifiesta contra el semitismo.
La rectificación de la organización del festival, solo manifiesta por reiteración que sus decisiones son maleables desde la presión pública y, aunque rectificar es de sabios, el clima de odio y el daño a la imagen de España en el exterior ya están hechos.
Cuando el odio es el único motivo que nos levanta por la mañana, es difícil acabar el día sin hacer daño a los demás, no sólo a los que odias, sino también a todo tu entorno. En esto andan muchos en el actual clima político de España, en odiar.
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