La principal característica que debería tener el portavoz de un partido sería la de ser capaz de comunicar a las masas lo bien que lo están haciendo sus compañeros, tanto si se está en el gobierno , como en la oposición. Conseguir atraer al electorado debe ser su primera misión y ya conocen el refranero español: “se atrapan más moscas con miel que con vinagre”.
Alguien cuyo atractivo dialectal se hiciese irresistible a la ciudadanía, llenase los telediarios de cabeceras en buena sintonía con la población, y al escucharle dejase buen recuerdo, sería el perfil ideal de un portavoz.
Pero hete aquí que, no solo en política, nos encontramos con un nuevo modelo de portavoz, una nueva forma de comunicar que pretende ser tan cercana que traspasa las barreras del respeto y de la cordialidad que debe mantener un desconocido, por mucho que diariamente se asome a las pantallas del televisor, las portadas de prensa o a las emisoras de radio.
Comenzaron mostrando un estudiado aspecto desenfadado intentando dar una imagen de naturalidad, cuando lo que en realidad transmitían es un perfil esnobista, de ahí pasaron a la imagen desaliñada y la utilización de un lenguaje irrespetuoso con los interlocutores, inquiriendo a sus adversarios de forma desapacible, mostrando con ello la incapacidad de demostrar sus razones. No tardaron mucho en mostrarse desagradables, huraños, y gratuitamente agresivos con la prensa, pues consideraban al mensajero culpable de la evidencia pública de limitaciones tan notorias.
El Partido Popular acaba de relevar a su portavoz en el Congreso y cuando todo se tenía para mejorar esa imagen, Mariano nombra a uno caracterizado por la gresca mañanera de desayuno, que incluso ha sido condenado por sus declaraciones. Ya sabemos cual va a ser, desde ahora hasta las elecciones, la sintonía del PP para recuperar votos: la bronca matutina y el enfrentamiento continuado.
Quizá, el Partido Popular en ese clara dejadez ideológica que está ejerciendo, también ha preferido olvidar que la portavocía que le corresponde al PP es la de Estado, la de serenidad, templanza y rigor contundente de la razón, que para nada debe confundirse con la actual quietud. Lo de la gresca para el desayuno y la polémica para la cena, le va más a los totalitarios, los bolivarianos y los populistas. Esa forma aguerrida ni siquiera se corresponde con el PSOE, que bastante tiene con gastar esas fuerzas de acometida entre ellos mismos a sabiendas que se juegan el futuro presidente de España.
Parece que Mariano tiene a alguien que le asesora muy mal en materia de personal, e incluso cuando hay gente extraordinaria trabajando por la mejora del Estado acaba por abandonar el proyecto, como ha hecho el fiscal general del Estado. Con estas decisiones es mejor que haga como los de Podemos, nada. Y esperar que los demás, con su mal hacer, vayan engrosando el número de seguidores.





