Inmaculada Concepción López García es técnica en Artes Escénicas del Centro Asesor de la Mujer y desde pequeña se aficionó al baile y a la interpretación y, con el paso de los años, ha convertido su mayor afición en su profesión, donde acumula ya más de trescientas obras en diferentes géneros. Cuenta que en su casa no habría tradición por el baile o la interpretación, pero que desde el colegio tuvo claro que quería estar sobre el escenario. Con el paso de los años, ha tenido la suerte de convertir su mayor afición en su modo de vida y en su profesión.
Inmaculada López García (Ceuta, 1968) es la más pequeña de una familia de cinco hermanos que ha dejado su huella en el mundo de las artes escénicas de nuestra ciudad.
Desde su posición como técnica de artes escénicas en el Centro Asesor de la Mujer y creadora del grupo Albanta Teatro, su dilatada carrera acumula más de doscientas obras desde que con trece años se subió por primera vez a un escenario para hacer el papel de niña en la obra “Yerma” con el Centro Dramático de Ceuta.
Contra viento y marea, debido a que el teatro nunca ha estado en el lugar que merecidamente se ha ganado a pulso en esta ciudad, Inmaculada López ha protagonizado decenas de papeles para dejar sobre las tablas del Siete Colinas o del Ayuntamiento una muestra de su arte y su desparpajo.
–¿Es cierto que eres un “bicho raro” en tu familia por esta afición?
–Sí, la verdad es que no sé a quién he salido pero desde pequeña tuve claro que me gustaba mucho bailar y interpretar, de hecho en el colegio de Villajovita, durante la EGB, el director Javier Bel llevó unos cursos de teatro, participé en los mismos con once años y de ahí me llevó a que conociera a Manolo Merlo al Centro Dramático, es decir, he convertido mi hobbie en mi trabajo.
–¿Qué supuso tu contacto con el Centro Dramático?
–Todo porque entré en el año 1986 y permanecí de forma ininterrumpida hasta 1999 cuando nació mi hija. En esta época iba simultaneando mi trabajo en el Centro Asesor con las clases en los colegios y mis obras con el Centro Dramático.
–¿Recuerdas tus inicios con Manolo Merlo?
–No iba con miedo porque al teatro se suele dedicar más gente extrovertida que introvertida pero yo confiaba en Manuel Merlo aunque era la pequeña del grupo. Durante cinco o seis meses estuve formándome, empecé con lecturas dramatizadas y luego me empezaron a dar papeles.
–¿Cuál fue tu primer papel serio en el escenario?
–Tuve el papel de niña en la obra “Yerma” que interpretamos en la Tertulia Flamenca. Yo tenía trece años y era un papel pequeño donde lo importante era la preparación del grupo.
–¿Fue importante la ayuda de tus compañeros de reparto?
–Sí y prueba de ello es que sigo en contacto con la mayoría de ellos, los cuáles han tenido que irse a distintas ciudades de la península para buscarse la vida. Me acogieron muy bien y me llevaron en volandas, por lo que pasaba más tiempo en el Centro Dramático que con mi familia.
–¿Cómo se lo tomaron tus padres?
–La única premisa que me pusieron es que si no fallaba en los estudios podía seguir haciendo lo que me gustaba. La verdad es que aprobé la carrera de Magisterio en el curso 1986-1989 pero me salió la oportunidad de entrar en el Centro Asesor y no dejé pasar este tren.
–¿Cómo se produjo ese contacto con el Centro Asesor?
–Entré como personal contratado, luego como laboral y finalmente aprobé un concurso-oposición para tener una plaza fija en el año 1989. Sin embargo, la estabilidad laboral no la hemos conseguido hasta hace poco tiempo. La verdad es que podía haberme presentado a unas oposiciones de Magisterio pero este camino era el que quería porque me permitía simultanear mi trabajo con mi afición.
–¿Cuáles son las cualidades que deben adornar a una buena actriz?
–Ser constante, muy observadora, perseverante y muy disciplinada.
–¿Has seguido algún modelo en concreto?
–Siempre he tenido mis actores y actrices que me gustaban pero no tenía un modelo concreto. Tuve la suerte de hacer muchos cursos de formación en Ceuta y fuera de la ciudad, por lo que era un teatro diferente al de salón ya que me formé en expresión corporal, en mimo y en otras cosas, por lo que el trabajo de salón de actor lo tocamos al final.
–¿Qué te reporta este mundillo?
–Ser feliz, trabajar en lo que me gusta y tener la libertad para realizar un trabajo como deseas, lo cual es muy importante porque nunca me han puesto pegas. El teatro debe ser libre.
–¿Qué papel te ha costado más trabajo interpretar?
–El de “La zapatera prodigiosa” de Federico García Lorca porque era un montaje muy complicado. Tenía que bailar flamenco a la vez que cantaba y interpretaba en un papel protagonista. Además, sin saberlo ya estaba embarazada y estaba un poco desestabilizada, fue muy complejo.
–¿Serías capaz de saber en cuántas obra s has intervenido?
–Como actriz he llegado a las trescientas entre montajes y parodias mientras que en el Centro Asesor he dirigido cerca de doscientas obras o montajes porque hay lecturas dramatizadas, títeres o sainetes.
–¿Está bien visto el teatro?
–Ahora goza de una buena salud porque cuando empecé la mayor preocupación de mi madre era que nadie se dedicaba a ello, no había recursos y no estaba bien visto pero con el paso del tiempo la dramatización y el teatro han ido adquiriendo unas raíces. Además, el programa de Cultura se preocupa casi semanalmente en traer una función, por lo que el mundo artístico está ahora mejor visto.
–¿Te da una cierta pena que ese reconocimiento haya llegado tan tarde?
–De las dificultades se aprende y la necesidad te obliga a aprender muchas cosas como ha sido mi caso. He pintado decorados, he estado en luces y sonido, es decir, no me he dedicado sólo a interpretar las escenas.
–¿Es Albanta Teatro una buena creación?
–Sí, se creó como un aula de formación en el 1989 y le dimos el nombre de una canción de Luis Eduardo Aute que evoca el país donde todo es posible. Trabajamos un equipo multidisciplinar para que las personas ocupen su tiempo libre de forma constructiva, formativa y divertida.
–¿Algo más?
–Agradecer la labor de las personas que no suben al escenario y que trabajan en las bambalinas.
“El teatro de la Manzana del Revellín puede aportar dignidad porque ahora estamos en un auditorio”
Inmaculada López se muestra confiada en que la próxima apertura del teatro de la Manzana del Revellín permita elevar las dosis de afición por el teatro.
En este sentido, reconoce que el Revellín “puede aportar dignidad porque estamos actualmente en un auditorio como el Siete Colinas y no en un teatro, motivo por el cual haremos realidad los sueños que tenemos y lo que llevamos reivindicando desde hace muchos años”.
No obstante, ha querido romper una lanza en favor del Siete Colinas “porque lo que tenemos no está mal pero no están cubiertas nuestras necesidades para las artes escénicas en general. Afortunadamente disponemos del instituto porque de lo contrario no podríamos llevar a cabo los programas del Centro Asesor ni tampoco de la Consejería de Cultura en general, por lo que hay que agradecer a los responsables del Siete Colinas esta cesión de sus instalaciones”.
Por ello, ha reconocido que “tanto el salón de actos del Ayuntamiento como el Siete Colinas se han convertido en nuestra casa. Nosotros queremos mucho el Ayuntamiento por ser un sitio acogedor pero no reúne las condiciones necesarias para determinados eventos”.
Lo que sí ha valorado positivamente es la respuesta del público, independientemente del lugar que sea escenario de la obra. “El público siempre nos ha apoyado y nuestro éxito se basa en la constancia de las alumnas, sobre todo teniendo en cuenta que no son profesionales. Ya sea en carnaval, en la mochila o en las fiestas patronales siempre tenemos el cariño de los aficionados, lo cual debemos agradecer de todo corazón”, añade.