El día de la Autonomía volvió a celebrarse ayer sin conseguir el apego necesario que una festividad tan importante debe tener con la sociedad. Si este es precisamente uno de los retos institucionales: conseguir la implicación de los ceutíes, de nuevo no han sido capaces de cumplir con una asignatura que sigue pendiente. Si años atrás los ceutíes clamaron unidos por alcanzar ese desarrollo autonómico con varias manifestaciones, hoy queda bien poco de aquella esencia, tan solo una mera alusión puramente oficial que carece de calado alguno entre las generaciones actuales, y mucho menos en las venideras.
El Teatro Auditorio del Revellín acogió así una celebración que parecía diseñada para unos pocos. Ese no es el camino. Sí que, con acierto, el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, aparcó el debate autonómico en unos tiempos en los que el desempleo y la búsqueda de fórmulas que ayuden a paliar la crisis son prioritarios. No lo evitó, simplemente lo aparcó, dejando en el aire las metas de un desarrollo estatutario que habrá tiempo de abordar. Debe haberlo, porque dicho asunto no puede marearse más de lo que se ha hecho.
El empleo, sobre todo el juvenil, la unión de todos los ceutíes y el necesario apoyo del Gobierno de la Nación fueron los ejes en los que centró su intervención el presidente Vivas, sabedor de que la institución que preside tiene unos objetivos que alcanzar y unas metas que definir para, sencillamente, salir adelante; es decir, por mera supervivencia.
Compromisos, intenciones, unión, metas y retos se entremezclaron en un evento que tuvo su espacio homenaje a la labor desempeñada por la ONCE y a la comunidad de Madrid, invitada de honor este día de la Autonomía.
Hubo medalla, hubo discursos y también autoridades, pero faltó la cuarta pata de esa mesa autonómica: el público, la sociedad caballa que vive al margen de una celebración que, insistimos, dio sentido a la lucha unida de todo un pueblo. La hemeroteca de esta Casa guarda celosamente aquellas imágenes, esas crónicas y artículos de quienes dieron vida a unos momentos históricos.
Eso se ha perdido, como también el respeto institucional. Estuvieron todos los diputados menos los representantes del grupo Caballas. En un ejemplo de burda protesta evitaron cumplir con su deber como diputados que son, representantes de una parte de la sociedad: ¿acaso han hecho una encuesta entre todos sus votantes para medir si estos quieren o no que acudan a este acto?, ¿o es, la decisión de no asistir, una decisión pueril, basada en personalismos? Así no se hace política, así debate una pandilla de adolescentes al salir de clase pero no unos diputados que defienden a Ceuta, que deben defender la base y significado de lo que es la lucha autonómica y que debían estar ahí por respeto, aunque luego comparecieran ante los medios ofreciendo sus impresiones sobre dicha celebración.
Los componentes de Caballas olvidan obligaciones cuando quieren, eligen a su antojo estar o no en actos institucionales dependiendo el sol que más caliente. Así no. Ayer, día de Ceuta, aunque quede mucho por avanzar en esa celebración, quienes representan al principal partido en la oposición deberían haber hecho acto de presencia. Esta vez sí que no, sí que no han estado a la altura.





