El congreso del SUP, que hoy echará el cierre con la elección de quien va a ser el secretario general, ha vuelto a dar protagonismo a Andrés Carrera, al que todos llaman ‘el maño’. No tengo por qué hacerle la pelota. Nadie tiene por qué hacerlo. Pero, fíjense, a todos nos da por hablar bien de quien ha sido la cabeza visible del SUP durante muchos años.Por algo será. Ayer mismo lo apuntaba el jefe Mélida: si todos hablan bien del ‘maño’ será por algo. Ahora le toca la jubilación como número 1 del SUP, pero ayer, para sorpresa de todos, se anunció que seguirá teniendo una representación como asesor permanente del sindicato. Es una manera de no prescindir de quien es un auténtico león del sindicalismo. Y Andrés lo es. Lo fue en sus tiempos duros, como los han tenido otros que se han visto obligados a dar ruedas de prensa con capuchas y a escapar de quienes no eran más que chivatos ‘a sueldo’ que estaban ahí para intentar ‘venderlos’ a los jefes.
Pero ya les decía antes, que no tengo por qué pelotear a Andrés, pero es digno reconocerle lo mucho que ha hecho por el SUP y lo que ha luchado por defender a sus policías. Y algunos casos han sido muy jodidos, con agentes acusados de delitos que nunca cometieron y que tuvieron en Andrés y en el equipo jurídico buscado la defensa que necesitaban. También ha plantado cara a delegados del Gobierno, no se ha casado con ninguno, e incluso más de un sinvergüenza le quiso montar emboscadas para intentar, así, controlarlo. No pudieron. Él era claro, lo fue siempre con el Biutz, con el Príncipe, con la UIP, con los apedreamientos... con asuntos de importancia mediática en su momento. ¿Políticamente incorrecto? Llámenlo como quieran, pero ‘el maño’ tenía que salir, denunciar, hablar ante los medios (nunca trató mal a ninguno) aunque le mandarán enviados para comerle el tarro, controlarlo y así evitar que al día siguiente el mandamás de los Reyes se desayunara con una portada desagradable.
Ayer Carrera encontró el apoyo de su gente, en un momento en el que ha decidido parar con la jubilación a la vuelta de la esquina y con muchos avatares. Ahora queda esperar que SUP nos encontraremos. Al menos González Miaja lleva en la sangre el ímpetu y la lucha de José Luis, su padre. “El sindicalismo es la esperanza”, decía ayer Andrés. Yo le hubiera añadido el calificativo puro, porque hace falta una lucha sindical transparente, que no se venda, que esté ahí superando amenazas, que sea fuerte ante las adversidades y sepa callar cuando debe y criticar cuando sea necesario. Es, cuando menos, la esperanza que se tiene en un sistema que entre todos nos hemos cargado.
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