Categorías: Opinión

El linchamiento

La izquierda española no pasa por su mejor momento. La pérdida de identidad, trabajada copiosamente y sin descanso desde la época de Zapatero, donde el comunismo se disfraza de socialdemocracia, y los socialdemócratas de laicistas radicales (quizá de esta indefinición del PSOE le vengan ahora comiendo el electorado) hasta la incapacidad de asumir responsabilidades, pasando por el raquitismo a la hora de asimilar críticas, discrepancias, o mostrar el menor respeto por el que piensa diferente. Qué pena de socialismo, cuánto capital humano extraordinario desechado tan frívolamente, cuántas oportunidades perdidas para mejorar España.

Si quiere buscar la verdad, la encontrará entre los perseguidos. Esta no es la primera vez, y desafortunadamente tampoco será la última,  que Monseñor Cañizares es perseguido por defender sus ideas. La izquierda radical y no tan radical tiene cierta fijación con la figura de este cardenal. Sus manifestaciones públicas en defensa de la Doctrina Católica son motivo de escándalo para aquellos que pretenden encarcelar la libertad de pensamiento y cancelar el derecho constitucional a las manifestaciones públicas de la fe.
La falacia o razonamiento ucrónico sobre que la religión pertenece al ámbito de lo privado, ambiciona recluir al ostracismo y al secretismo de cuatro paredes toda una forma de vida ¿Por qué un sindicato, un partido político, o un club de fútbol tendrían derecho a manifestarse públicamente y un grupo religioso no? Mucho más cuando el cristianismo tiene un fortísimo componente social, sine qua non est, tanto en su doctrina, como en su realidad socioeconómica.
El principal deterioro de las instituciones públicas viene por el uso partidista y sectario de las mismas. Estos politiquillos, leones a la hora de cercenar libertades y ratones a la hora de aportar soluciones,  han pretendido un linchamiento público contra Cañizares utilizando las Cortes Valencianas, y posiciones jurídicas de inmunidad a las que sus señorías no han renunciado ni por un momento.
Esta imprudencia, pésimo ejemplo de democracia y pluralismo, se podía haber evitado conociendo la realidad del discurso homiliético del cardenal; con que los agresores políticos hubiesen preguntado antes de dejarse llevar por algunos titulares y decidir ejecutar públicamente a una persona, a un ciudadano de la Comunidad Valenciana a la que dicen representar.
Como sus señorías deben estar muy ensimismadas en los procesos de independencia, se ve que les ha faltado tiempo para leer, para distinguir violencia de género, con violencia doméstica y a ambas con ideología de género. Mucho menos le han dedicado tiempo a intentar informarse sobre la doctrina de la Iglesia Católica (que profesa la mayoría de los ciudadanos)  ni sobre la obra más significativa sobre doctrina social del catolicismo tras los Evangelios, la encíclica Rerum Novarum de León XIII. Quizá, más de uno se llevaría alguna sorpresa con lo que allí pone.

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