Todo por culpa del Katrine Krog, un carguero con bandera boliviana que sigue bloqueado en aguas ceutíes con siete hombres a bordo. La embarcación zarpó de Dinamarca rumbo a Haití y tras una travesía llena de incidentes acabó en Ceuta. A gritos desde la popa, la tripulación denunció que carecían de combustible, dinero y agua. Por eso, Fernández Lera califica de “irresponsable” al dueño de la embarcación. Todavía no se explica cómo el empresario pretendía que sus siete trabajadores se lanzaran a cruzar el océano Atlántico en esas condiciones. Y más tras enterarse de que el carguero carecía de equipos de comunicación suficientes para tal misión. “A aproximadamente 200 millas de la costa se habrían quedado incomunicados”, informó el capitán marítimo.
Desde la embarcación, cerca del puente de mando, la tripulación confirma la denuncia de Fernández Lera.
Omar Peña, el maquinista, se percató de la falta de un equipo adecuado cuando llegó a la ciudad autónoma. El marinero se sorprendía de que el capitán le prohibiera hacer uso de la radio. Omar tan sólo quería ponerse en contacto con su familia e informarles de que estaba bien a pesar del retraso. “Pregunté al primer oficial si podía utilizar la radio para llamar a mi familia. Todo eran evasivas. El capitán nos decía que teníamos que esperar y que mejor compráramos una tarjeta sim”.
Al final, Omar se dio cuenta de que la embarcación carecía del sistema mundial de socorro y seguridad marítimos (SMSSM), en inglés GMDSS. Se trata de un aparato que permite, entre otras labores, informar de la posición de la embarcación en caso de alerta y facilitar, así, las tareas de búsqueda y rescate en caso de catástrofe. Cuenta, para ello, con un sistema de satélites.
“El aparato está aquí. A la vista. Pero no funciona”, explicó el maquinista. Tanta rabia sintió que no ha informado al resto de sus compañeros. Dice que no quiere que la situación se tense demasiado a bordo del barco. “Yo ya lo dije. El armador no conoce las reglas internacionales de navegación. El sistema GMDSS es una obligación. El primer oficial y el capitán lo saben. No entiendo cómo querían navegar así”.
A pesar de todo, en la embarcación el panorama se ha complicado. Varios tripulantes se han enfrentado. El capitán, el primer oficial y el cocinero han hecho causa común y tratan de darle tiempo al armador para que pueda hacer frente a los impagos. El resto, mayoría, solicita ayuda a las autoridades. Para poner peor las cosas, Jorge Mejía, el timonel, lleva varios días con problemas físicos. Cuenta con una baja laboral, pero no consigue irse del buque. “El capitán no me deja salir del barco si no tengo la reserva del vuelo –explicó–. Estoy atrapado. El armador me ha enviado la mensualidad (le debía el mes de noviembre) por la Western Union (sitema internacional de giros). Por favor, hagan la reserva para que pueda volar hasta Florida”. Mejía se cayó poco después de que el Katrine Krog abandonara Lisboa y tiene un dolor cervical que obligó a los facultativos del Hospital Universitario a ponerle un collarín.
Tantas son las prisas de Mejía por abandonar el carguero que pidió ayer auxilio en varias ocasiones. Es el único que ha cobrado, aunque sólo la mensualidad de noviembre y, en ningún caso, el viaje de vuelta a casa. Según la legislación, el armador está obligado al pagarle el regreso a su hogar en caso de incapacidad laboral, “aunque sea temporal, como es este caso, y aunque no haya consignataria, debido al caso en el que se encuentran”, según precisan desde la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF).
Según informaron desde Capitanía Marítima, el procedimiento legal para que Mejía pueda abandonar el barco obliga a que el carguero atraque. Para eso es requisito imprescindible que el dueño del barco contrate los servicios de una consignataria. El problema es que el armador todavía no lo ha hecho, no para de dar largas y, además, evita responder a llamadas con el prefijo 34 (el español). A los responsables del puerto les dijo que todo estaba arreglado. Que por fin una compañía se haría cargo del barco. Al comprobarlo se dieron cuenta de que no era así.
Lo que sí que es cierto es que dueño del Katrine Krog contactó con una compañía que tiene sucursal en Gibraltar y Ceuta. Lo explicaron en la consignataria desde Gibraltar: “El armador no ha ingresado el dinero. Así que no somos los consignatarios”. El día anterior, el armador había declarado en este periódico que ya había depositado el dinero y que todo era culpa de los días festivos en España. “He hecho el depósito. Yo sólo puedo esperar”, dijo, versión que desmiente la propia consignataria.
Desde Estados Unidos, el propietario llamó el miércoles a la tripulación. Una vez más, les prometió una pronta solución a su situación. Se sucedieron los insultos. “Yo no quise hablar con él”, recordó desde el carguero Omar Peña, el maquinista. “Me pasaron el teléfono y sólo pude decirle: ¡Eres un mentiroso! ¡Y el tipo se sorprende!”.
La previsión meteorológica juega en contra
A los problemas del Katrine Korg se suman las previsiones meteorológicas. El carguero, que echó el ancla el pasado miércoles 1 de diciembre a las 16.05 horas, a una milla de la costa ceutí, en aguas portuarias, según el capitán marítimo de Ceuta. La Autoridad Portuaria de Ceuta ya se prepara por si al final el barco debe entrar a puerto.
A pesar de que el capitán marítimo espera no tener que obligarle a entrar a Ceuta, la previsión es de alarma amarilla por vientos costeros desde las 8 de la mañana de hoy hasta medianoche. Un empeoramiento del estado de la mar puede tener que obligar a este buque a entrar al puerto de Ceuta, si capitanía marítima observa que corre riesgo. Según informó la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF), "el barco es pequeño, y su situación alejada de la costa le hace más vulnerable".
De todas formas, el capitán marítimo de Ceuta, Jesús Fernández Lera, matizó la situación a la que se enfrenta el Katrine Krog. Según informó, el barco siempre podría alejarse del puerto y buscar una zona más resguardada ya que cuenta con combustible “suficiente” para una maniobra así. “Ahora no está en un buen sitio. Siempre puede marcharse y evitar el temporal”.
Jorge Mejía, el timonel, lesionado, quiere volver a casa
Jorge Vidal vive en Miami, Florida. Este ciudadano estadounidense de origen salvadoreño tiene en casa una esposa. Su situación es una de las más complicadas, puesto que, a su incapacidad laboral temporal para navegar, se suma el problema con los pagos. Su mujer, Carmen Cruz, le esperaba de vuelta en casa este viernes, cosa que no va a suceder. Mientras no llega, con dos hijos a cargo, el problema de su familia es poder pagar las facturas con un dinero que no ha llegado y que, posiblemente, deba utilizar él mismo para viajar con rapidez a casa, por mucho que pueda reclamar posteriormente, con los problemas que eso puede llegar a generar de incertidumbre.
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