Recuerdo mis comienzos en los entrenamientos del fútbol. Nadie daba un duro por mí. Sin embargo yo sólo fui el que me convencí de que podía hacer algo dentro de la selva. Muchos entrenamientos me dieron la razón de que podía hacer algo en el futuro. Debo darle las gracias a un vecino que ya no está en Ceuta. Ya tenía por aquellos años los 16, un poco viejo pero yo no lo creía así. Pero mis esfuerzos de salir del Instituto a la una y media y poner pie en polvorosa para llegar a las instalaciones antiguas del 54, hoy en día llamado José Martínez Pirri, antes de las dos de la tarde para comenzar los entrenamientos con buenos entrenadores que pusieron a un canijo como yo, era en un hombretón.
De allí salía a las tres y media y me desplazaba hasta la Pantera corriendo donde me esperaba mi madre con el plato de comida caliente. Que me sentaba muy bien ya que desde las ocho de la mañana con una leche y un poco de bollería y a las once y media un bocata las fuerzas estaban ya casi en reserva. Pero me hicieron cambiar. Era una bala humana y con una fuerza descomunal. Me acuerdo que los fines de semana jugaba hasta tres partidos con los colegas o en los campos de fútbol tanto de once como de sala. Todo lo que fuera practicar el deporte rey sin problemas. Y sigo practicando el deporte ahora más tranquilo. Más bien un poco de carrera continúa para estar en forma. Pero eso sí llevo muchos años en los banquillos inculcando las bases del fútbol a mis enanos como yo les llamo.
Y es que este deporte es como una droga que entra en las venas y me da un placer que no se puede explicar. Siempre me peleó con mi mujer cuando dice que me irritó mucho. No puedo remediarlo. Son mis hijos adoptivos y quiero que jueguen y disfruten de este deporte como a mi me gusta. Recuerdo que cuando veía los partidos de fútbol por la televisión, a una temprana edad de los seis años, recuerdo perfectamente el saloncito de mi casa que tenía en la calle Sargento Coriat, en un gran patio antiguo, que ya no existe, siempre estaba intentando rectificar como lo estaban haciendo los equipos incluso cuando hacían los cambios también acertaba en una gran cantidad de ellos.
Conocía a todas las plantillas muy especial mente a la del Atlético de Madrid que fue la primera camiseta que me puse en un partido que jugué en las instalaciones del ceutí que tenían en el ángulo, murallas reales de Ceuta, ya desaparecidas. Y mis grandes partidos en el pequeño patio que tenía el colegio de la sagrada familia que estaba enfrente de la Iglesia de los remedios. Luego jugué mucho en el Lope de Vega y posteriormente en el antiguo instituto en todos sus campos. Muchos recuerdos donde las buenas amistades se veían. Éramos muchos pero una piña. Se iban reciclando ya que la mili y el irse a estudiar o destinados a otros lugares hicieron dispersarnos. Pero a todos nos mueve siempre lo mismo la amistad y el amor al deporte nacional que es el fútbol.
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