El verano mallorquín está tan superpoblado que la pasada semana se registró el choque frontolateral de dos carritos de la compra en un centro de jardinería de la isla.
Uno de los vehículos estaba pilotado por Pilar de Borbón, también conocida como la hermana mayor del Rey padre. El segundo protagonista de la colisión era un tal José Castro Aragón, titular del Juzgado de Instrucción número tres de Palma y redactor del auto que pretende sentar en el banquillo a Cristina de Borbón, sobrina de la otra conductora.
No es nuestra intención elucubrar metáforas entre el conflicto circulatorio y el judicial. Máxime cuando Doña Pi se enterará por estas líneas de la identidad del varón con el que chocó, y el magistrado ignoraba la identidad de su augusta opositora porque no lee la prensa rosa, a diferencia del fiscal Pedro Horrach, que habla con Vanity Fair. Queríamos demostrar simplemente la deportividad imperante en verano, cuando los hijos del matrimonio de imputados Borbón/Urdangarin –por este orden firman todos los documentos– disfrutan de sus vacaciones en el palacio de?Marivent, sito en el único reino insular de una España donde solo los republicanos aprueban al Rey.
En esta ínsula gobierna Sofía I de Mallorca, cuyas relaciones con su cuñada Doña Pilar de Calvià son manifiestamente mejorables. Por cierto, los jueces mallorquines obligaron a la hermana del Rey padre a derribar su coqueta casa situada junto al aparcamiento del yate ‘Fortuna’, humillación que no alteró su rutina veraniega mallorquina. Un día le pregunté por Zapatero después de suceder a Aznar, y Doña Pi se limitó a decirme que “éste al menos escucha”. A buen entendedor. Se ha comentado que, antes de Nóos, ningún magistrado había cuestionado un informe de la Agencia Tributaria. Después de Nóos, ningún magistrado podrá creerse a ciegas un dictamen de la Agencia Tributaria.
Pero aquí hemos venido a hablar de José Castro, y no solo para desvelarles que sus compañeras de la judicatura se encargaron de comprarle la corbata que lucía el sábado cenital del interrogatorio de Cristina de Borbón. El juez de provincias fue menospreciado por el establishment de La Zarzuela hasta que dictó su segundo auto de imputación de la Infanta en el ‘caso Infanta’. Allí se rindieron Roca y el Rey. Se ha comentado que, antes de Nóos, ningún magistrado había cuestionado un informe de la Agencia Tributaria.
Después de Nóos, ningún magistrado podrá creerse a ciegas un dictamen de la Agencia Tributaria, hasta tal punto se ha contaminado en la defensa encendida de la hija y hermana de reyes. Por no hablar de la Abogacía del Gobierno, o de la Fiscalía General del Gobierno.
Publicado en elconfidencial.com





