Hay días que quedan grabados para siempre en la historia de una ciudad. Y el nueve y diez de julio de 2013 serán recordados en la posteridad como las jornadas en que el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, vino a recoger el Premio Convivencia por su dilatada trayectoria en este campo. Por sus propias declaraciones, Vargas Llosa se ha mostrado como una persona real, cercana y cariñosa con todos los ciudadanos que se han acercado para hablar con él o simplemente para saludarle. Mario Vargas Llosa en un mito viviente. Un Dios de la literatura que genera pasión entre los amantes de la letras y entre quienes no son amantes. Un hombre combativo, con sus ideas que defiende porque entiende que hay que ser militante de la libertad y de la democracia. Dos conceptos que no se pueden dejar de lado nunca. Ayer volvió a demostrar carisma, humildad y sapiencia en el discurso que nos regaló. Una pieza literaria única compuesta para Ceuta y estrenada en Ceuta, en el auditorio de La Manzana del Revellín. Hemos vivido durante cuarenta y ocho horas dentro de la ‘burbuja Vargas Llosa’. Ojalá que no despertáramos. Pero hoy se marchará, aunque a buen seguro que no nos olvidará nunca, al igual que a nosotros nos pasará con su genio y figura.





