Día a día se van fomentando y adquiriendo características peculiares las relaciones familiares, sobre todo cuando los componentes de la misma no viven en l misma Ciudad y ni siquiera en el mismo País.
No es sólo cuestión d contacto diario o. cuando menos, frecuente sino una muestra del valor de la conciencia, de ese sentimiento que, a veces, llega a nuestro pensamiento tanto con algún motivo o sin él. El ser humano está perfectamente constituido pero goza, también y no poco, del efecto de la espontaneidad.
El pasado día 16 de éste mes, festividad de la Virgen del Carmen, se cumplieron sesenta y seis años y yo lo celebré de forma muy sencilla aunque con toda la fuerza de mi corazón, pues mi esposa falleció hace unos años y vivo sólo. No obstante, uno de mis hijos recorrió cuento y pico de kilómetros para asistir, conmigo, a la Misa de las diez de la mañana, que se celebra en la Parroquia, muy cercana a casa. Después desayunamos en una Cafetería próxima y luego mi hijo se marchó a su trabajo y yo al mío que, a mis años, es más de pensar que de hacer.
No les doy más detalles de los demás hijos, pero sí debo decir que ese día fue para mí un día de amores y de ilusiones. ¿Acaso no constituye una verdadera ilusión imaginar a una biznieta intentando dar sus primeros pasos, para verse liberada de la necesidad de gatear, que ahora es su medio de locomoción. Y de forma parecido se iba centrando mi pensamiento en las particularidades de los ocho biznietos, las de sus padres y de sus abuelos, que son mis hijos. Día grande de cariño, de ilusiones y de esperanzas. Día, de lleno, del alma. Pero ese encanto de la familia se hace extensivo, cada día, a otras muchas cosas que afectan a nuestras vidas de forma importante. ¿Por qué ese empeño en deshacer nuestra Nación? Es mucho más importante construir que derribar; sin embargo hay quienes parece que disfrutan haciendo unos planteamientos de separación, como si les molestara el buen sabor y la eficacia de la unión y del trabajo de todos con objetivos comunes, dando siempre lo mejor que se tiene, personalmente, en beneficio y bienestar de todos los demás.
No; no es esa la forma adecuada de proceder. ¿Acaso no es bueno el encanto de España para todos los españoles? La familia siempre se une ante las dificultades y ese es su encanto: más unión cuanto mayores son las dificultades. Duele muchísimo comprobar que hay quienes se empeñan en todo lo contrario, en deshacer la unión; en ignorar cuántos han sido los momentos difíciles y lo que costó vencerlos. La Nación es una gran familia que se ha hecho a lo largo de siglos de amor y de lucha en su defensa. Ese es su encanto.
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