'Eureka’, suplemento dominical del diario ‘El Mundo’ especializado en divulgación científica, trató hace unas semanas los descubrimientos en la Cueva de Benzú. El reportaje, firmado por Rosa Tristán, expone las conclusiones a las que han llegado los investigadores de la Universidad de Cádiz (y que no todos comparten): los habitantes de ambas orillas del Estrecho de Gibraltar estaban interconectados hace cientos de miles de años “a través de un río salado que, lejos de ser una frontera infranqueable, se habría convertido en un puente ficticio entre África y Europa mucho antes de lo que se imaginaba hasta ahora”.
Las páginas de ‘Eureka’ aportan otro dato interesante, al parecer, y a pesar de que en ambas costas gustaban el pescado y el marisco, fueron los vecinos de la africana los primeros en sacarle partido gastronómico al mar.
Rosa Tristán acompañó a los investigadores durante una campaña y pudo conocer la gran mariscada que tuvo lugar unos 250.000 años. El festín que se dieron estos humanos primitivos es sin duda “la primera gran mariscada conocida de la historia”, siendo la más cercana una encontrada en Sudáfrica y datada hace 220.000 años. También se tiene constancia de que los neandertales gibraltareños gozaron de los frutos del mar, pero hace muy poco tiempo en términos paleontológicos, solo unos 30.000 años.
Según cuenta el investigador Juan José Cantillo cogían lapas y crustáceos en la Bahía de las Ballenas cuando no disponían de carne para su alimentación.
El trabajo de datar los hallazgos en los siete niveles de ocupación humana recayó en Simón Chamorro, director del Instituto de Estudios Ceutíes.
El lugar era un cazadero perfecto para nuestros antepasados: “Desde aquí oteaban las presas y tenían tanto agua dulce, del cercano arroyo del Algarrobo, como duras piedras de radiolaritas para hacer sus herramientas, que tallaban en el abrigo”, explica el paleontólogo gaditano José Ramos, quien estuvo a cargo de las excavaciones en esta cueva neolítica junto al arqueólogo Darío Bernal y al recientemente doctorado Eduardo Vijande.
Muy interesante también resulta el hallazgo de 50.000 objetos tallados en piedra de diferentes épocas. Fueron extraídas de decenas de metros cúbicos de roca trasladados a Cádiz mediante una minuciosa tarea de rescate en laboratorio.
Junto con los restos de comida y los útiles líticos, cuenta el reportaje que las excavaciones revelaron hasta 60 especies de plantas, pero ni un solo hueso humano que ayude a determinar con claridad quiénes fueron los moradores de la cueva.
A pesar de ello, los utensilios aportan pistas. Todos pertenecen a la técnica ‘musteriense’, característica de los neandertales europeos. “Es un ‘musteriense’ como el que se ha encontrado en las cuevas neandertales de Gibraltar, pero mucho más antiguo. Puede que esta tecnología cruzara por el Estrecho desde el sur hacia el norte, o puede que cruzara hasta aquí desde una orilla europea”, dice Ramos.
Por su parte, Clive Finlayson, director de los trabajos en la cueva gibraltareña de Gorham niega que a día de hoy se puedan relacionar sus hallazgos directamente con los de Benzú. Habrá que excavar más.
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