Hablan los vecinos. Y creo que estos no son susceptibles de estar intoxicados por nadie. Hablan quienes pisan a diario las barriadas, quienes saben perfectamente la sensación que tienen sus residentes. Y hablan para denunciar el nivel de inseguridad que se está sufriendo en la ciudad. Lo hacen con un sentido práctico, como lo hacemos todos, a pesar de que estamos en un momento en el que ni hablar se puede de lo que no funciona porque los que están en el poder y su equipo de erráticos pelotas consideran que estamos todos confabulados con no sé qué fines. Hablan de amarillismo, sensacionalismo, intereses… y demás excusas carentes de sentido.
Como les decía. Los vecinos hablan. Y lo han hecho compareciendo ante los medios para denunciar la situación en que nos encontramos, una situación real, nada subjetiva, que choca con estadísticas y datos oficiales maquillados, que no se ajustan a la realidad. Hacer esta crítica no significa atacar a los policías, como algunos sindicatos se empecinan en repetir hasta creerse sus propias mentiras. Hacer esta crítica significa poner de manifiesto que no hay medios y que la organización dispuesta por la cúpula no funciona. Sobre lo primero, poco se puede avanzar, estando sometidos a una política de recortes que impide el aumento de plazas. Pero sobre lo segundo sí cabe un debate urgente que no quiere tenerse porque supondría el reconocimiento del fracaso. Y eso, ustedes lo saben como yo, nunca se va a producir. Al menos con este delegado del Gobierno que a la primera que se le ha criticado ha salido al escenario a arremeter contra todos y todo como si se tratara de una caza de brujas. Nicolás se enroca en la política de seguridad que le pone en bandeja el jefe superior, cuyo talante ya es conocido no solo por los policías si no por el resto de ciudadanos. Ni aludiré al famoso vídeo del ‘despacho y el mandato’, su última comparecencia tras los tiros a Hicham fue espectacular y lo define de los pies a la cabeza.
Pero no. Esta columna no se refiere a quien está en Ceuta buscando la forma de mirar al otro lado del Estrecho. Sus protagonistas son los vecinos. Los que han citado a los medios para, con todo el derecho, salir a hablar de los problemas que hay en los barrios y de las quejas que han recibido y que tienen que salir a la luz. Porque son quejas reales, no son inseguridades subjetivas. Y sí. Están robando como nunca, a pesar de lo que digan las estadísticas. Y sí, los ciudadanos tienen miedo, y no es porque lean la prensa. Y sí, son muchas las voces más que autorizadas que están alertando del nivel de deterioro que se está registrando en la ciudad, en los barrios, en el puerto, en el entorno fronterizo. No es normal lo que está pasando, ni es normal la organización policial existente, ni tampoco que se quiera defender un fracaso como bandera de la política de seguridad más brillante. Los que tienen que garantizar que esto funcione no lo están haciendo nada bien. Pero si su respuesta es el insulto, o la creación de falsas campañas orquestadas, mal vamos para enmendar una situación que se nos está yendo de las manos.





