Desde que las dos administraciones se pusieron manos a la obra para controlar la sucesión de fraudes que se estaba detectando en el padrón, han sido miles las personas eliminadas de un plumazo al considerar que formaban parte de un cúmulo de irregularidades consentidas.
Si bien es loable la actuación que está llevando a cabo la Policía Local y el Negociado de Estadística para poner orden en el registro y frenar tanto la picaresca como los delitos llevados a cabo por los que controlan pisos patera, no hay que olvidar que se ha dejado a un lado la tan necesaria labor social de detenerse en los perfiles de aquellas personas que se han quedado atrapadas en un limbo. Hoy hemos querido hablar de los desempadronamientos desde todos los puntos posibles: el institucional, acompañando una mañana a la labor desempeñada por la Policía Local; pero también a la que nadie conoce, la de mujeres que se han convertido en invisibles, atrapadas en un laberinto sin salida, madres de españoles que de la noche a la mañana se han quedado sin derechos, viviendo en Ceuta pero sin figurar en los papeles. Una incongruencia que no debe permitirse y que constituye la parte del trabajo en la que todavía queda mucho por demostrar.





