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El atleta Ismael Dris relata su experiencia en el Himalaya

Tras haber recorrido las abrasadoras arenas del desierto del Sáhara y perderse en la jungla de Costa Rica, el ceutí Ismael Dris dio un paso más al participar en la Everest Trail Race, en el mismo Himalaya, en el Nepal, a vista de las montañas más altas del mundo.

El caballa ha participado en esta prueba de 160 kilómetros divididos en seis etapas en donde las duras condiciones climatológicas por el frío y, sobre todo, los exigentes desniveles, han puesto a prueba la inquebrantable fuerza de voluntad y resistencia física de este deportista ceutí.
Desde que Dris vio una foto de un amigo corriendo en la nieve no lo dudó, "esto era lo que quería", explicaba para 'El Faro', y se inscribió en la prueba, a tres vuelos y 22 horas, en Katmandú (Nepal).
Desde ahí hasta el campamento base, un peligroso recorrido en coche por zonas en donde "apenas cabían dos vehículos", decía, "con barrancos de cientos de metros a ambos lados de la carretera".
Una vez ubicados en sus tiendas, "hacía bastante frío", recuerda, y una larga noche "dormí mal, como siempre", arrancó la primera etapa de la prueba.
El corredor de montaña profesional Luis Alberto Hernando y el a la postre campeón, el deportista local Upendra Sunuwar, se escaparon pronto, "no podía llevar ese ritmo", e Ismael se dio cuenta sobre el mismo terreno que era "una carrera para cabras", sin apenas llano y algunos tramos en donde "teníamos que escalar en las subidas y descender de forma casi vertical, era muy peligroso", decía.
Además había que orientarse con brújula, lo que le hizo perderse hasta en dos ocasiones, mientras se repetía una y otra vez "¿cómo voy a salir de ésta? Finalmente optó por esperar al grupo perseguidor para "llegar juntos a meta".
Tras noches en donde la temperatura bajaba hasta los 20 grados bajo cero, "una pesadilla", se lamentaba, ya que no podían descansar en condiciones, tocaba volver a tomar la línea de salida.
La segunda fue especialmente dura. "Tuvimos que subir una cuesta de 16 kilómetros con un gran desnivel", explicaba. La cima, el 'Pike Peak', estaba por encima de los 4.100 metros.
Apenas había oxígeno e Ismael, que no se había preparado para esta circunstancia, empezó a pasarlo verdaderamente mal. "Comencé a perder la consciencia, y chocaba con todo, o eso me decían los que me vieron, aunque no paraba", aseguraba.
Cuando llegó a la cima los controladores llamaron al médico, mientras Dris bebía y comía, recuperándose lentamente y con solo una cosa en la cabeza, "lanzarme cuesta abajo" apuntaba.
Aunque le esperaban en meta "preocupados", en donde habían recibido el mensaje por radio de que bajaba "medio borracho", Dris acabó la etapa y se situó en el tercer puesto de la general.
Superar este reto le dio confianza al caballa, pero quizás demasiada, ya que en la tercera etapa "salí pensando que el segundo puesto sería mío (Hernando se había retirado al lesionarse), y lo que quería era meter tiempo a mis rivales".
Error, al más puro estilo 'cuento de la lechera', y pensando cómo afrontar el resto e tapas, la pérdida de concentración fue clave, pisó en falso "por culpa del hielo" y cayó por un barranco en el que "me costó mucho detenerme".
Un susto en apariencia, pero cuando regresó al camino "empecé a notar un fuerte dolor en la rodilla, se me inflamó y no la podía doblar", relataba.
El peor momento de la carrera. "Nunca me había lesionado y tenía que ser precisamente ahí, no me lo podía creer", explicaba. La impotencia se adueñó de Ismael, "sólo me faltaba llorar", decía, y llegó a la meta andando, mientras todos "me animaban".
Los médicos le recomendaron que parase, pero Dris está hecho de otra pasta. "No había llegado hasta allí para retirarme", por lo que empezó "una nueva carrera para mí, en donde el objetivo era no llegar el último", señalaba.
Cada una de las etapas restantes se convirtió en un auténtico calvario, ya que "usaba prácticamente una pierna, lo que me producía ampollas en los pies", empleando en cada una de ellas "unas ocho horas", llegando a meta de noche, "helado y muerto de hambre".
"Me mataba en cada etapa para no llega fuera de control", explicaba, pero se queda con lo positivo, "me ha valido más si cabe para respetar a los que llegan últimos". Una lección que "me ha servido más que un trofeo", concluye.
Dando las gracias a su familia y amigos por el apoyo, Ismael no se dedicará a descansar y recuperarse de la lesión: "¡este domingo es la Media Marón!". De otra pasta.

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