El acto de la Guardia Civil celebrado ayer tuvo un momento emotivo que se materializó en una acción: el aplauso constante con el que todos los presentes quisieron honrar a las familias de los dos ceutíes que murieron en atentados perpetrados por la banda terrorista ETA: el guardia civil Francisco Pascual Andreu y el policía nacional Mohamed Hamed Abderrahman, asesinados en Orio y en Irún. Ambos recibieron su particular homenaje en la Patrona de la Benemérita después de que tres agentes de este Cuerpo los recordaran en la iniciativa llevada por toda la península que consistió en recorrer en bicicleta tantos kilómetros como muertes ha habido en el país: 829.
A las familias de Pascual Andreu y Ahmed Abderrahman solo les queda el recuerdo de quienes ya no están entre ellos porque unos asesinos decidieron terminar con sus vidas, en base a una ideología en la que el fundamentalismo, las mentiras históricas y el sentir mercenario se dan la mano.
Sus seres queridos los recuerdan todos los días, porque siempre hay algo o alguien que trae a la memoria su figura. Es el caso de Aixa, la viuda del policía nacional, que ve en sus hijos a quien fue su compañero de lucha y de vida. Aixa ha sabido sacar adelante a sus hijas e hijo (Kinsa, Himo, Nawil y Mohamed Bilal, quien es el vivo retrato de su padre). Lo ha hecho con dignidad, con fortaleza, con la ayuda de quien ya no está a su lado en carne pero sí en alma, sacando adelante unos hijos buenos, honrados, trabajadores y muy dignos de haber tenido el padre que les robaron, haciéndolo sin tener el apoyo que las instituciones deben.
Ayer, la familia del policía Mohamed, al igual que la del guardia civil Francisco, sintieron, al menos, ese aplauso sincero, fuerte, que no cesaba y que emocionó un acto en el que había muchos hombres y mujeres que, con sinceridad y sin modos y maneras políticamente correctas, expresaban de esta manera su cariño, su apoyo y su muestra de sensibilidad a padres, hermanos, hijos y viuda a los que el destino les arrebató lo que más querían colocando a un terrorista en su camino.
Ojalá ese aplauso del recuerdo siga siendo escuchado por las otras víctimas de ETA, las que encarnan las familias rotas que se emocionan cuando se acuerdan de ellos o cuando se organizan homenajes como el que los guardias civiles llevaron a cabo cambiando el tricornio por la bicicleta.
Que siempre tengan ese aplauso en el recuerdo.





