El virus está dándonos una lección como sociedad. Y lo hace a diario, demostrando la actitud egoísta de aquellas personas a las que les da igual el resto. Les da igual y lo demuestran con su actitud. Fíjense que seguimos informando de muertes y de contagios... pues sigue habiendo quien va por la calle sin mascarilla, quienes promueven encuentros en donde se burlan todas las reglas, quienes están ya pensando la manera de buscar el justificante para irse a la Península de fin de semana fingiendo que lo hace para un asunto de fuerza mayor. Así estamos. Hay un sector poblacional que cada vez es más egoísta y otro al que solo le preocupa sus propios intereses. Y tanto es así que si tienen que sacar una balanza para colocar la economía o la vida, apuestan por lo primero. ¿Que hay muertos?... mala suerte dirán, mientras sus negocios no se vean afectados. ¡Ojo!, no que se vean en la ruina, no; sino que ganen menos dinero que el acostumbrado. Porque muchos de los egoístas que van como plañideros por las calles no lloran porque sus negocios vayan a tener que cerrar o sus empleados vayan a la calle... lloran porque ellos ya no podrán ganar lo mismo a pesar de ser importantes beneficiarios de las ayudas dadas por Procesa a todo el que lo ha pedido.
A las muertes y la cadena de contagios se añade la actitud de aquellos a los que todo esto les da igual. Pero no es de ahora, esto viene de largo. Llevan meses incumpliendo las normas que dictaba, a su manera, Sanidad. Y a su manera lo hacía porque faltó siempre valentía para imponer restricciones ejemplares, no de cara a la galería.
En verano hemos estado viendo incumplimientos, se han difundido vídeos, se han grabado escenas no permitidas... ¿y qué pasó? Nada. Respondía el egoísmo de quienes reprochaban que la parte responsable de la sociedad les criticara. Esto se convertía en un juego de niños: ‘no nos dejan disfrutar de la vida’, decían. Esos orígenes han traído estas consecuencias. Tanta muerte y tanto contagio es resultado de que no se han hecho bien las cosas porque el egoísmo encontró su mejor protección en la doble moral, la que siempre ha llevado a Ceuta a su peor situación.






