En el PSOE, ahora mismo, hay dos partidos”. Esta frase de un dirigente ya veterano resume uno de los grandes desafíos que ha de afrontar Pedro Sánchez como secretario general.
Pero la frase resulta equívoca fuera de contexto. No se refiere a diferencias ideológicas ni a una ruptura entre las fracciones que pelearon por el liderazgo en el congreso extraordinario de hace quince días, aunque también aquí tendrá que usar aguja e hilo para suturar lo que los derrotados juzgan “falta de integración” en la Ejecutiva, que en septiembre pasará la prueba de fuego con la reordenación del grupo parlamentario. Alude a una división de índole generacional y de percepción de sus opciones de recuperar el Gobierno.
Entre los dirigentes y cuadros del partido se aprecia una clara línea divisoria entre los mayores y los menores de 50 años. Aunque no son bloques homogéneos, entre los primeros predomina el “escepticismo” ante la nueva etapa que se inauguró con la elección del diputado madrileño, mientras que entre los segundos prima “la ilusión”.
La mayoría de la vieja guardia ve inevitable que el PP vuelva a ganar las próximas elecciones generales, mientras que los más jóvenes han recuperado la ilusión. La actitud de los primeros se refleja en una frase que desde hace años viene repitiendo Felipe González: “Sigo siendo militante del PSOE, pero cada vez simpatizo menos”. En este grupo está bastante extendido el pronóstico de que el PP volverá a ganar las próximas elecciones generales, con dos argumentos principales: la recuperación económica de la que alardea el Gobierno podría percibirse de forma más clara por los ciudadanos dentro de un año y el escándalo del fraude millonario y continuado de Jordi Pujol ha sido un terremoto que puede ayudar a frenar la deriva soberanista de Cataluña, dando la razón a la “estrategia de resistir” deMariano Rajoy. Y, sobre todo, la hegemonía del PSOE en la izquierda española nunca había estado tan en cuestión desde que las primeras elecciones democráticas echaron por tierra la presunción de que la primacía correspondía al PCE.
Entre los menores de cincuenta, por el contrario, es mayoritario el análisis de que “perdimos dos años y medio con Rubalcaba” y, en parte, atribuyen a este absentismo la eclosión de Podemos. La mayoría tampoco se siente responsable de “la herencia” económica de Zapatero –sí de los avances en derechos y libertades– y se siente capacitada para imprimir un cambio que les permita recuperar el apoyo de la mayoría social, sin miedo al cuerpo a cuerpo con Podemos. Un factor clave en su análisis, que por lo demás ya hacía Alfredo Pérez Rubalcaba cuando echaba cuentas, es que, aunque el PP vuelva a ser el primer partido, perderá la mayoría absoluta.
Publicado en elconfidencial.com





