Don Pedro

Viajando el pasado junio tras la huella portuguesa de Ceuta, llegué a Santarem, a menos de una hora de Lisboa. Es una pequeña villa que, dominando el río Tajo, conserva el atractivo de su ciudad vieja, en la que se suceden a lo largo de una calle, iglesias, murallas y otros monumentos. Así, en una plaza recoleta y dominada por la impresionante escultura de Pedro Álvares Cabral, descubridor de Brasil en 1500, está la Iglesia de Graça de estilo gótico y edificada a partir de 1380. Allí, en el brazo derecho del crucero, se encuentra la tumba del que fue el primer gobernador portugués de Ceuta. El túmulo con las estatuas yacentes de D. Pedro de Meneses Portocarrero y su esposa D. Beatriz Coutinho , descansa sobre ocho leones y está trabajado con hojas de acanto y diversos escudos.
Cuando tenía 45 años participó en la expedición contra Ceuta como Alférez del Infante D. Duarte, hijo de D. Juan I, que mandaba la expedición. Una vez tomada la ciudad, el Rey intentó sin éxito encontrar un gobernador para la recién conquistada ciudad, pero los peligros que existían una vez que se retirara la flota u otros condicionantes, hicieron que renunciaran sucesivamente al cargo, el Condestable Nuño Álvarez Pereira, el Almirante Gonzalo Vaz Coutiño y el Guarda Mayor Martín Alfonso de Melo. En ese momento, D. Pedro de Meneses se ofreció para el puesto, lo aceptaron tras algunas dudas y, de esa forma, vinculó para siempre su vida y la de su familia a los avatares de la recién conquistada Ceuta.
Cuando la flota del Rey D. Juan I se retiró a Portugal y los hombres se despedían desde las amuras de los buques o desde las murallas de la ciudad, el nuevo capitâo de Ceuta  quedó al frente de unos 2.500 hombres, entre los que se encontraban muchos degredados o desterrados que obtenían el perdón a sus delitos sirviendo el Rey en destinos peligrosos.
En 1437 D. Pedro de Meneses, primer Conde de Vila Real y segundo Conde de Viana de Alentejo tenía 67 años y, dada su avanzada edad, no pudo participar en la expedición de los Infantes D. Enrique el Navegante y D. Fernando contra Tánger que, por cierto, fue un completo desastre. Sin embargo, partió con dicha expedición su hijo D. Duarte de Meneses, el cual tuvo que regresar urgentemente a Ceuta, ya que le avisaron que su padre, D. Pedro, se encontraba muy enfermo. Llegó justo para verle morir en la ciudad africana el 22 de septiembre de 1437 y sus restos fueron trasladados a la Iglesia de Graça de Santarem, donde reposan en la actualidad. Casi al mismo tiempo, llegaba  a Ceuta la flota con los derrotados de Tánger.

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