La Guardia Civil celebró este martes el CLXXXI aniversario de su creación. Un acto oficial, puramente protocolario, en el que el máximo jefe de la Comandancia, el teniente coronel José María Jiménez, podría haber elegido un discurso para únicamente salvar la papeleta.
Pero hacerlo no hubiera sido valiente, ni tampoco adecuado para una Comandancia de la Guardia Civil que lo ha pasado verdaderamente mal. Ha sido y está siendo un año complicado. Un año de operaciones, de detenidos, en el que el trabajo de hombres y mujeres que integran este Cuerpo se ve manchado por acciones particulares de otros.
Miles de buenos titulares y de reportajes que muestran brillantes operaciones terminan anulados por sombras demasiado alargadas. El buen trabajo de muchos termina hundido por las acciones particulares de unos pocos.
Jiménez ofreció un discurso en el que tenía que demostrar, y lo hizo, que es el jefe. Fácil resulta escribir esas cuatro letras, complicado es serlo.
Las detenciones de personal del Cuerpo han supuesto un mazazo para la Guardia Civil. Su presunta implicación en asuntos de tráfico de drogas ha dado pie a un dolor en la Casa del Instituto Armado que solo saben quienes lo sufren.
También a un injusto linchamiento recrudecido en redes sociales que ha puesto en el disparadero a quienes a diario salen de sus casas con la encomienda de hacer su trabajo como mejor saben, pero teniendo claro en qué línea deben estar.
El jefe de la Comandancia fue claro, sincero, valiente y directo.
“La justicia siempre acaba triunfando, es cuestión de tiempo. La verdad se acabará conociendo”.
Lo dijo delante de quienes son los representantes de la ley, jueces y fiscales. Lo dijo con la plena confianza en que estos profesionales de la toga harán, como siempre, bien su trabajo para recoger en resoluciones el punto y final a lo investigado.
“Como garantes de la Ley tenemos la obligación de investigar cualquier indicio de conducta delictiva, la cometa quien la cometa”, aseveró Jiménez. Y la Guardia Civil lo ha hecho, investigando a todos, también a los suyos si había cualquier sospecha y sin miramiento si se trataba de proceder a la práctica de arrestos. No les ha temblado el pulso, jamás pensaron lo contrario a lo que debían hacer con los suyos y con cualquier otro.
“El prestigio de una institución centenaria no está en juego por el comportamiento de alguno de sus miembros, estaría en juego si no demostrásemos la capacidad de garantizar que al ciudadano se le está dando el servicio que merece, apartando al que no es digno de ello”.
Esa es precisamente la clave y que lo diga el cabeza visible de los hombres y mujeres que integran la familia de la Guardia Civil es importante.
Una familia a la que no le puede temblar el pulso para ser transparente con todos. No serlo sería su ruina y hoy por hoy la Benemérita ha demostrado que es capaz de intervenir de igual manera en todos los campos cuando esa cadena que separa el bien del mal se quiebra, se rompe y además lo hace por el eslabón que nunca debiera.
“Si el resultado final es una condena nos felicitaremos porque el que no ha sido digno de la institución ha sido castigado, y si por el contrario no existe condena, lo acogeremos como a un compañero digno y honorable”.
La Guardia Civil tiene mimbres para demostrar por qué es la institución más valorada en todo el país. El barco no se hunde si un jefe tiene clara la ruta y además está convencido de que solo hay un camino y quien se sale del mismo sabrá a qué se expone.
Del castigo a la dignidad hay un paso, solo hay que saber dónde se quiere estar si se es un digno representante de la Guardia Civil.
Discursos valientes y sinceros como el ofrecido por José María Jiménez eran necesarios este 2025, eran necesarios en una Comandancia en la que se trabaja mucho y bien.
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