No caben los discursos de odio. No caben en ningún lugar, foro o escenario. Y la política no está exenta de ello.
Por eso, la propuesta llevada por Fatima Hamed -MDyC- a la sesión resolutiva de este jueves fue clave porque colocó el foco en los mensajes que no se pueden permitir, que no deben ser pasados por alto jamás.
Hamed enumeró algunos de los calificativos que ha tenido que leer o escuchar hacia su persona. Superan cualquier línea roja, son reflejo de una brutalidad y un odio que resultan imperdonables en una sociedad democrática y que se sostiene, además, en el pilar de la convivencia.
El Pleno es un buen lugar para apadrinar esa bandera del respeto, para enarbolar la bandera del sentido común y echar, apartar, además de rechazar a todos aquellos que viven sumidos en mensajes atentatorios y de absoluto desprecio.
Esos discursos inaceptables no deben provocar risa, ni mofa, ni mucho menos recibir el calor colectivo, porque sería el claro reflejo de la mayor de las cobardías basada además en el anonimato, en los perfiles falsos, en la comunidad que se mueve en auténticas cloacas.
El Pleno dijo no a los discursos de odio, dijo no a menospreciar a grupos concretos.
Y eso es necesario que no se olvide nunca.
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