V ivimos tiempos sin duda aciagos para nuestras sociedades libres, para nuestra forma de vida.
Nosotros felices occidentales que tras siglos de oscuridad y de guerras logramos alcanzar un estándar de convivencia en paz y civilización, una organización social basada en las libertades y en la ley y un estado del bienestar que asegura en cierta medida cotas de igualdad nunca antes vividas en este continente europeo, observamos ahora como el fanatismo religioso islamista quiere hacer tambalear nuestros pilares, poner en cuestión nuestra forma de vida y nuestra libertad, traer la muerte y el terror hasta nuestro suelo, y mantener la amenaza de muerte sobre nuestras poblaciones inocentes para diseminar el pánico.
Por otra parte, allá en sus lejanas tierras esos mismos fanáticos se organizan en supuestas entidades territoriales, proclaman sus ansias de expansión, se financian en los mercados irregulares o incluso reciben financiación de formas más o menos directa desde estados que se dicen amigos de Occidente.
Ciertos sectores políticos , no por bien conocidos desgraciadamente menos irritantes, aducen la inconveniencia de reaccionar usando la fuerza contra estos extremistas y más bien quieren aportar una visión etnoculpabilista y tremendamente naive de la cuestión: Occidente y el capitalismo es responsable del estado de cosas, el postcolonialismo ha generado las tensiones y las guerras en el mundo árabe, Ocidente es culpable por su hipocresía y su doble rasero en relación al mundo árabe.... Son argumentos que no por mas difusión mediática que obtengan resultan menos rechazables por su simplismo, por su ceguera y porque en el fondo nada aportan a la resolución del grave problema que hace sembrar de muertos nuestras ciudades, nuestra tierra. Frente a ellos el expresidente Aznar de nuevo esta semana atronaba desde la razón que "lo que nunca sirve para asegurar la libertad es no estar dispuestos a pagar el precio de la seguridad". No hay riesgo para las libertades mientras las instituciones democráticas y el Estado de Derecho funcione.
Los últimos atentados han hecho temblar a Francia. Con ella hemos temblado todas las personas de bien, y digo sin ánimo a equivocarme que con Francia hemos temblado y hemos llorado en España todos los que nos sentimos muy cercanos a esa tierra cuna de libertades y espejo en el que durante décadas nos hemos mirado todos los que ansiábamos desarrollo, progreso y libertad. No es sin duda un problema de Francia en exclusiva. Muchos otros países europeos, occidentales, y también africanos, hemos sufrido ya el zarpazo brutal del terror ( EEUU, Reino Unido, Bélgica, Túnez, Líbano..) y en todos esos casos se ha propagado una corriente mundial de apoyo y de solidaridad sin precedentes en la historia.
En España sentimos con mayor intensidad si cabe el dolor, por que nuestra experiencia es terrible, y porque comprendemos que también nosotros nos jugamos mucho en lo que pase en Francia y en como se desarrollen los próximos acontecimientos.
Es el momento de la solidaridad. Una solidaridad real y efectiva que desborde el plano retórico para traducirse en hechos y que estos sean debidamente explicados y respaldados por nuestra sociedad. Francia requiere nuestra ayuda, y en esa ayuda nos ayudamos a nosotros mismos. No lo dudemos. No es el momento de tacticismos electorales, de debates sin fin, de postergar decisiones ni de maquillar la realidad. Es el momento del apoyo sin fisura.
Es el momento de la solidez de los principios y los valores. Por eso no puedo compartir que ante solicitudes específicas de apoyo por parte de Francia, posterguemos nuestra decisión y nuestro compromiso a la formación de un nuevo gobierno y por tanto al resultado de la contienda electoral de diciembre. No son aceptables actitudes diletantes ante momentos como los actuales. ¿ No es la lucha contra el yihadismo una política de Estado? ¿ No se han alcanzado los acuerdos necesarios con las fuerzas políticas del arco parlamentario presente y futuro? ¿ Qué imagen podemos dar ante nuestros aliados postergando decisiones de este calibre ....a febrero! ..? Tengamos en mente que en algún momento podremos ser nosotros los que reclamemos la ayuda vecina, y que entonces no comprenderíamos que se nos remitiera a un "vuelva usted mañana"...
Mientras tanto , Alemania compromete el envío de tropas a Malí, nuestro patio trasero en Africa, para sustituir ya a las tropas francesas allí desplegadas. ¿ Realmente queremos que se nos tenga en cuenta en Europa?
Políticas de Estado son las que superan las coyunturas y se extienden sobre el tiempo sin fisuras y con criterio constante.
No parece que el diletantismo tenga parte alguna en ellas.
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