Hay situaciones que no pueden entenderse. Pasan los años y no se actúa como se debiera para que un servicio clave, como el que prestan los médicos forenses, se lleve a cabo en unas instalaciones dignas. Quizá el origen de todo esto sea el escaso reconocimiento que se da a su papel o la nula preparación política que lleva a que alguien con responsabilidad no busque espacio suficiente para este servicio pero en cambio sí lo encuentre, por poner un ejemplo, para que cuatro aficionados a tocar el tambor dispongan de local social. Porque aquí, quien llora consigue un espacio para sus actos lúdicos aun sin tener derecho a él -al menos financiado con el dinero de todos-, pero quien ejerce una profesión clave, una profesión que constituye un servicio público, tiene que arrastrar años y años con las mismas reclamaciones amén de promesas incumplidas.
Siempre he tenido respeto, o mejor dicho admiración, por los médicos forenses. Quizá porque he tenido que escuchar sus siempre magistrales informes expuestos en juicios o ver cómo han examinado cadáveres hallados en situaciones complicadas. Nunca hay caparazón, costra profesional suficiente, para que esas visiones de adultos y niños sin vida no te afecten en lo emocional. Su trabajo es aportar esas claves tan necesarias para conocer las causas exactas de esas muertes, que serán plasmadas en informes que pueden ser determinantes. Tienen que convivir con ello.
Empatizar con esa profesión que abarca muchas más áreas lleva a tenerles respeto. Y ese respeto tiene que traducirse en que las autoridades competentes hagan todo lo posible para que las condiciones laborales sean óptimas. Es la respuesta mínima que se debe dar, cualquier otra no cabe o no debería caber cuando estamos ante lo que es un servicio público de esta índole.
No sé la de veces que se habrán anunciado posibles ubicaciones que alberguen unas instalaciones dignas, con la amplitud suficiente para trabajar de la mejor manera. Ninguna han fraguado porque, insisto, falta empatía y falta sobre todo tener el conocimiento suficiente como para entender de qué servicio hablamos, de qué depende lo que hagan sus profesionales y a qué niveles de exigencia se enfrentan.
No es tan difícil, aunque quizá se haya perdido hasta la conciencia de lo que es realmente importante y lo que en esta vida. ¿Qué explicación cabe a esta situación?
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