José Ignacio Wert puso ayer pie en Ceuta para firmar dos convenios de colaboración con la Ciudad y conocer, de primera mano, las obras que se acometen en estos momentos en varias de las infraestructuras educativas con el objetivo de incrementar, cuando arranque el nuevo curso, el número de plazas escolares.
Ése era el programa que sus asesores le habían diseñado, pero de la visita de apenas un puñado de horas que ayer realizó el ministro de Educación, Cultura y Deporte, la primera a la ciudad desde que Mariano Rajoy le eligió para hacerse cargo de esa siempre controvertida cartera, se desprenden más titulares. El primero apunta hacia el objetivo del MECyD de continuar combatiendo las carencias, reconocidas por el propio titular del departamento, que arrastra la ciudad en materia de dotaciones. Tanto es así que Wert anunció que a los colegios que verán la luz en unos meses tras la remodelación de los equipamientos actuales se unirán nuevos centros, algo en lo que ya se ha puesto a trabajar el Ministerio de Hacienda para movilizar fondos de las partidas comunitarias del periodo 2014-20. Quizás tan importante como eso sea que el Ministerio conoce a la perfección el diagnóstico de la situación y que, como también ratificó ayer el ministro tras su encuentro con el presidente Vivas y el delegado del Gobierno, el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha dado la orden de movilizar los recursos necesarios para, atravesadas ya las peores turbulencias de la crisis económica, continuar acortando la brecha que separa a Ceuta del resto de comunidades autónomas. Las soluciones pasan por asumir que la ciudad, como Melilla, arrastra una ratio de alumnos por clase muy superior a la media por la alta tasa de natalidad, y también por aceptar que los problemas lingüísticos de los escolares de origen árabe, cuya lengua materna se aleja del castellano –vehicular en la enseñanza– obliga a redoblar esfuerzos. Y eso, y ahí la Administración juega un papel fundamental, supone movilizar los recursos, materiales y económicos, que el ministro asume que son precisos para combatir aspectos como la desorbitada tasa de fracaso escolar que padece la ciudad. Realizado el análisis y perfiladas las soluciones, las escenas vividas ayer durante las visitas del ministro a la nueva Biblioteca y al Campus merecen una reflexión al margen. Las protestas son libres y pueden ser legítimas si las enarbolan quienes se sienten agraviados o zarandeados por los recortes ministeriales, pero los insultos o desplegar pancartas con epítetos de dudoso gusto –sea su objetivo un ministro o un ciudadano anónimo– hacen dudar , y quizás nunca venga más a cuento, de la educación del oponente. Algunos de esos improvisados manifestantes de ayer, para más desgracia, incluso ostentan cargos públicos para los que se presupone un mínimo de compostura. Lamentable.





