En política todo son puras etapas. Quien entra sabe que tendrá fecha de caducidad, aunque hay formas de pasar por esa particular ‘guillotina’. La de Mateos no ha hecho justicia. Pudo haberse despedido de mil maneras, todas posibles menos la elegida.
Una carta a los medios, una declaración previa como hizo la delegada de Extremadura... todo menos la conocida, que ha dado pie a múltiples especulaciones y ninguna buena.
Nos cuenta la Delegación en un mensaje de whatsapp -así son las formas- que ya desde el pasado verano la propia Salvadora Mateos trasladó al Gobierno la necesidad de ser relevada de su puesto por motivos médicos. No nos iban a decir otra cosa, lo políticamente correcto manda. Ory tenía ganas de seguir, había recuperado la agenda de trabajo... el tiempo suele ayudar a ver con claridad las auténticas razones de los hechos. En el caso de Ory lo hará, seguro.
La trastienda de cada noticia siempre es donde más claves veraces pueden encontrarse. Estoy segura de que Ory no quería irse de esta forma, con esos titulares, con esas directrices impuestas. Había mantenido su agenda, había hablado de proyectos con sus más allegados, pensaba compatibilizar sus obligados viajes a Madrid por motivos de salud con la recuperación de planes iniciados. Quería estar.
Los oficialistas nos pueden seguir contando que desde el verano Mateos pidió irse, nos pueden vender esa forma dulce de trastocar la verdad aludiendo a un relevo casi obligado por cuestiones de salud. La realidad es otra bien distinta y nada tiene que ver con los mensajes que se han despachado en esta destitución.
Han sido 4 años en la Delegación del Gobierno, un periodo en el que Mateos ha conseguido logros importantes que han terminado afeados en su última etapa con la devolución de menores marroquíes.
Logros que ha compatibilizado con un modo de vida sencillo, empeñándose en hacer lo mismo de antes: ir sin escoltas a comprar, tomarse un café en cualquier terraza e intentar frecuentar los mismos lugares de antes de mandar en la plaza de los Reyes. Esa manera de ser algunos no se lo perdonaron e incluso intentaron/buscaron/fomentaron ridiculizarla, evidenciarla.
La política es así de cruel, a una le hacen la cama cuando y de quienes menos se puede esperar. Los mismos que por delante te sonríen, por detrás están asegurándose que la puñalada llegue hasta el fondo.
Se termina una etapa sin plañideras porque no se atreven ni siquiera a eso, no sea que queden en evidencia pública y pasen la purga.
La soledad a menudo es la mejor de las compañeras porque nunca traiciona y siempre ayuda a la reflexión que conduce a la verdad. Mateos puede que encuentre en esa soledad la clave de todo esto, del punto y final a una etapa que depende de ella que se cierre así, como nos la han vendido, o no. Que lo pueda hacer sin complejos y con la despedida que se merecía.






