Los balances de las tragedias son fríos, se calculan pero son incalculables pues el dolor no se registra: números, datos, tantos por ciento, fallecidos, heridos, los que vinieron, los que se fueron, los que se han quedado con la certidumbre de que serán expulsados, los menores no acompañados, los feriantes, los comercios que cerraron sus persianas. El dolor y el sufrimiento son inmensurables.
Tal vez 100 muertos, tal vez más. Contar, calcular, medir, valorar; compartimentos estancos, ataúdes del olvido, memoria desmemoriada que olvidará el recuerdo de lo pasado. Las estadísticas mienten diciendo la verdad.
Ceuta, que es ignorada en los mapas de los telediarios, se ha mostrado al mundo abriendo el debate sobre la migración, la pobreza, las dictadura que apoya el capitalismo fanático, la Europa de los mercaderes, la guerra o los intereses de las naciones interesadas por ellas mismas a toda costa y por cualquier medio.
Cuando la tempestad se disipaba llegó la más absoluta de la epidemia que avanza a pasos agigantados:
Núcleo Nacional, una organización y partido político de extrema derecha con una ideología de corte neonazi en España, enfocado en atraer a jóvenes a través de redes sociales y protestas callejeras.
Alvise Pérez, populista, agitador en redes sociales, de extrema derecha por sus postulados nacionalistas, y anti-inmigración. Condenado por bulos, estafas, robos, un mafioso que presume luchar contra la mafia.
Santiago Abascal no vino a poner paz ni a calmar los ánimos, no habló de esperanza, de tolerancia, de unión de las fuerzas políticas ni del respaldo a cómo hemos decidido vivir en Ceuta.
Desde Elche, a cientos de kilómetros de Ceuta, he gastado horas hablando de nuestra tierra charlando con familiares, vecinos, amigos, compañeros y a todos los que se han interesado por el tema. La Ceuta de la libertad, la de la convivencia, la de la solidaridad, la Ceuta luchadora, la Ceuta de los que estamos al pie del “Cañonazo” para mejorarla en todos los sentidos.
Mucho he oído y leído de nuestro delegado del Gobierno: insultos, descréditos, acusado por no plantarle cara al Gobierno. No he escuchado nada sobre la impecable actuación para frenar a los grupos ultras que quisieron “incendiar Ceuta”.
No ha habido comentarios sobre la planificación, estrategias, fuerzas de seguridad y protocolo diseñado por el equipo de Miguel Triano.
¿De qué es culpable? ¿Sabemos qué puede hacer en una situación como la que hemos vivido mientras trabajaba hasta la extenuación escuchando “Pedro Sánchez, hijo de Puta”.
El no responder a los insultos, las provocaciones, las iras descontroladas; su silencio también es un grito que apacigua en los momentos de la tempestad.
Gracias en nombre de tantos que te conocemos.





