La forma en que se va a producir la visita del Papa a España es un puro despropósito. Lo es tanto desde el punto de vista eclesial como estatal. Lo han dicho cristianos de base, teólogos y sacerdotes: una visita pastoral, así es el carácter que el propio Papa da a su viaje, no debe revestir el protocolo de una visita de Estado, ni adoptar maneras de gran espectáculo ni asociarse a poderosas empresas patrocinadoras.
Desde la perspectiva estatal adolece también de graves irregularidades: el inadecuado protocolo ya mencionado y una financiación a cargo del erario público claramente inconstitucional. Porque la desgravación que obtienen las grandes empresas que sufragan, según Rouco Varela, el treinta por ciento de los gastos son ingresos que el Estado deja de percibir y que, en tiempos de crisis y déficit, el contribuyente pagará, al precio que está la deuda soberana, muy caro. El Gobierno no se ha limitado a proveer las medidas de seguridad que toda concentración de ciudadanos requiere y a la que éstos tienen derecho para ejercer el de reunión con garantías para su libertad y sin interferencias. Los organizadores han contado además con espacios y edificios públicos: el aeródromo de Cuatro Vientos lleva más de un año preparando el hollywoodiense escenario y los requerimientos logísticos; y colegios, polideportivos y otros espacios públicos han sido cedidos también por otras administraciones. Para una multitud, por cierto, en su mayoría de extranjeros. Son gastos no cuantificados que gravan al contribuyente, por el coste de su uso.
Con todo, lo que más llama la atención es la dificultad que tiene cualquiera que haya recibido una formación cristiana para identificar la parafernalia de esta visita papal con el espíritu evangélico. Es difícil identificar el culto a la personalidad que se escenifica, no ya con la trayectoria de Cristo en la tierra, sino ni siquiera con Pedro, el primer Papa.
Personalmente siento simpatía por el Papa Ratzinger. Prefiero un intelectual en la Sede de Pedro. Y ha tenido una actitud muy correcta con el abominable asunto de la pederastia. Ojalá aproveche su encuentro con jóvenes para hacerles reaccionar ante el hambre en África, la injusticia de los abusos de financieros sin escrúpulos, la terrible lacra de la violencia en la familia, y las miles de cosas que afligen el corazón de los católicos.
Que sea respetuoso con el país que tan generosamente le acoge es una exigencia de cortesía. Malo sería que sembrara la discordia entre españoles criticando sus leyes o con referencias tan desafortunadas, e inciertas históricamente, como que en España se vive una persecución de la Iglesia cual la de los años treinta. Que el Espíritu Santo le ilumine..





