El alcalde de este pueblo, que tanto dice que se preocupa por el bienestar de Ceuta y los ceutíes, podía empezar a revisar la política deportiva que permite y ampara. Porque aquí no se hace nada si don Juan no quiere. Eso lo sabemos todos. Y si el ICD es una caja de bombas, es porque don Juan prefiere mirar para otro lado y no cortar por lo sano esa política de dejación que impera en una entidad que debería haber desaparecido hace tiempo. Pero no hay ni labor de fiscalización ni interés en iniciarla. Por eso tenemos las instalaciones que tenemos y a nuestros niños sometidos a hacer deporte en la mierda de pabellones que supuestamente cuida nuestro querido Ayuntamiento. Con cuatro gotas que cayeron ayer, ya los tenemos de nuevo con goteras, lo que directamente provoca su cierre y que cientos de niños se queden sin hacer deporte. Ya no sé que espera el alcalde: va a cerrar las pistas deportivas al aire libre, los parques, el Juan Carlos I... y los centros cubiertos en los que las distintas federaciones están aplicando protocolos permitidos por Sanidad para la práctica deportiva, resulta que se nos calan con nada. Esto no es normal, y menos lo es que la Ciudad se calle. ¿Saben por qué? Porque demuestra que no les importa nada el deporte -el pequeño, el que no arrastra a sus masas ni a sus protectores-, ni que nuestros jóvenes y no tan jóvenes puedan disfrutar de las instalaciones municipales para practicarlo sin problemas. Tan mal están que nos topamos con situaciones tan grotescas como la que ha tenido que denunciar la Federación de Baloncesto que tuvo que suspender los entrenamientos porque había goteras.
Aquí está pasando algo denunciable, grave, de juzgado de guardia como lo es la permisividad hacia los despropósitos de un ICD al que nunca se le ha querido meter mano, al que se le ha permitido que funcione como lo hace, al que se le ha transformado en dictador adorado nunca castigado y siempre consentido. El mismo tiempo que el alcalde pierde en mandar telegramas de felicitación, que lo aplique a poner orden en esa patética jaula de grillos para que, al resto, no se nos caiga la cara de vergüenza por su mala gestión. Cuatro gotas, don Juan, y ya le cierran los pabellones. Vergonzoso.






