La Protectora de Animales pedía auxilio a través de redes sociales para que los ciudadanos que pudieran dieran acogida a los perros mientras dure el temporal, dado que las instalaciones se vieron seriamente afectadas por las lluvias. La solidaridad de muchos ha hecho que buena parte de los canes estén a salvo al menos unos días; la de otros, ha hecho que se abasteciera de pienso y material que se ha perdido para que se siga atendiendo de la mejor forma posible a las víctimas de abandono. Pero volvemos al mismo punto de origen: qué está pasando en Ceuta para que, de nuevo, sean los amantes de los animales los que tienen que hacerle el trabajo a este Gobierno, incapaz de poner alguien responsable al frente de una protección animal mínima que se incumple a diario en esta ciudad. Los abandonos no son perseguidos, la recogida de animales no se lleva a cabo como se debiera, no hay infraestructuras bien dotadas y preparadas para dar cabida con una mínima dignidad a la cantidad de casos con los que se topan los voluntarios. Así pasa lo que pasa.
Nada se controla. La fiscalización que, dice, cumple la Ciudad hay que cogerla entre alfileres. La cumple en lo que quiere, en esto de controlar los contratos vinculados a la protección animal miran hacia otro lado. Recogida de animales muertos, de vivos, castraciones... Nada se atiende como se debiera, olvidándose que es una obligación de la Ciudad Autónoma el hacerlo y, por cierto, de los demás partidos en la oposición el controlar que se hace, porque bien que todos votaron a favor de una Ceuta libre de maltrato animal para posar en la foto pero después se olvidan de lo que sucede a su alrededor.
Dejar en manos de los amantes de los animales, de los que no miran a otro lado, el cuidado y atención que es obligación de la Ciudad Autónoma, no es más que una manera cobarde, además de miserable, de obviar deliberadamente la protección que necesitan los más indefensos. La dejación de funciones es denunciable, pero como siempre el silencio frena los pasos de quienes tienen que tragar con todo lo que pasa a diario en esta ciudad con los animales, con todo lo que ocurre y no se persigue.
Mal ejemplo damos de la sensibilidad de una sociedad, mal ejemplo damos cuando la solución a los marrones diarios generados por esa inacción la buscan los de siempre.
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