Los distintos casos de corrupción que vamos conociendo y que salpican, de forma sangrante, a los dos grandes partidos, PP y PSOE, están provocando una auténtica desolación en el ciudadano. Nos encontramos desnudos y abandonados, atrapados en un sistema en el que todo ha valido.
Sí, lo ha valido pero para unos pocos. Los mensajes de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o “toca apretarse el cinturón”... nos resultan sangrantes. Visto lo visto, conociendo la inmoralidad de demasiados, las conductas corruptas que están dejando de ser asuntos aislados para dar forma a una auténtica trama... al ciudadano de a pie le queda bien poco en un sistema de hienas marcado por una crisis a todos los niveles.
Cómo recuperar la normalidad es complicado. Cómo volver a una estabilidad en la que los valores, el respeto y el honor prevalezcan sobre todo lo que estamos viendo resulta complicado. Asistir al circo montado por quienes son incapaces siquiera de asumir la cadena de errores que han permitido y solo saben acusarse cual niños chicos, resulta bochornoso.
Vivimos atrapados en un escándalo. Esto no es el juego de buenos y malos que nos quisieron meter por los ojos; de jueces politizados que ordenaban investigaciones porque estaban manejados, de medios de comunicación que destapaban asuntos porque obedecían intereses; de policías utilizadas por poderes políticos... Se trata de realidades, se trata de un historial de atracos a mano armada que han terminado por destrozar el sistema democrático que tanto costó construir a generaciones anteriores.
Hemos llegado a una etapa de presión, de explosión necesaria ante la que los ciudadanos debemos reaccionar. Y debemos hacerlo siendo conscientes de las armas que tenemos, sabiendo qué hacer y qué no, favoreciendo que nuestros hijos no ven como normal una forma de entender la vida bajuna, podrida, inmoral, sin valores y opuesta a todos esos sentimientos que intentamos mantener a flote. Esta hilera de escándalos es tan vergonzosa que cuesta creer cómo aún no hemos sido capaces de ofrecer una reacción a la altura. Lástima.





