Soy de Ceuta, funcionaria de la Ciudad Autónoma de Ceuta y no adscrita a ningún partido político. Estoy ya cerca de la jubilación y cuento con años de experiencia de ver y observar el funcionamiento de la política, de la cual difiero en muchos aspectos tras muchos años de reflexión y de no comulgar con las reglas de juego de ningún partido político.
A los 65 años me ha llegado el hartazgo y, sobre todo, la tristeza de cómo, por intereses políticos de alguien que se hace llamar presidente del Gobierno, se ha permitido por intereses personales que invadan una ciudad española. No me cabe más que preguntar a este señor si sabe lo que es la democracia, en qué consiste y para quién gobierna. Yo creo que no, que es tan ignorante que lo desconoce. Mire, señor, en el país no solo están los independentistas que alimentan su ego y le mantienen en el cargo. No, señor; en el país hay miles de españoles que dependen de su gobierno y de su gestión.
No, señor, usted ya hizo varios vericuetos para salir elegido, engañando en las urnas a gente honesta que hubiera estado para y por los ciudadanos. Usted ha demostrado que desconoce lo que es ser gobernante y cómo se debe a los ciudadanos por encima de sus intereses y enriquecimiento personales.
Señor, usted ha vendido España sin escrúpulos a los independentistas por seguir acumulando poder y robando a la ciudadanía. Señor, usted ha vendido una ciudad española por muchos motivos que todos conocemos y que usted no se digna a explicar.
Usted ha abandonado a España a su libre albedrío: miles de incendios han dejado a familias en la ruina, pero usted, como gran ejemplo de jefe de Estado, se ha marchado de vacaciones blindadas para que nadie le moleste. En medio de esa vorágine ha vendido Ceuta; no ahora, evidentemente, sino en su momento, en el que todos sabemos.
Señor, he visto desde mi ventana cómo traían maletas y dinero desde el país invasor, supongo que, con su beneplácito, para que poco a poco se vayan asentando. Señor, usted no está para el pueblo ni es del pueblo. Vivimos en una au-tocracia engalanada con buenas palabras.
Señor, usted es la decepción más grande para unos ciudadanos que no le quieren, porque a alimañas como usted, con cuatro mariachis robando y destruyendo un país, no las quiere nadie; preferimos que se esconda en su búnker y no salga más.
Estamos hartos de su traición y miseria, de su hipocresía y de sus malas artes.
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