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El desconcierto estratégico del Partido Popular

Por Juan Sergio Redondo (presidente de Vox Ceuta)
06/03/2026 - 13:41
vivas-ayuso
Imagen de archivo
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La coherencia es uno de los pilares sobre los que se construye la credibilidad de cualquier proyecto político. Cuando esa coherencia desaparece y un mismo partido sostiene discursos radicalmente distintos dependiendo del territorio desde el que habla, lo que queda al descubierto no es una simple diferencia de matices, sino una fractura política e ideológica difícil de disimular.

Eso es precisamente lo que ocurre hoy dentro del Partido Popular. El contraste entre el discurso del PP de Ayuso y el del PP de Vivas resulta cada vez más evidente cuando se aborda una cuestión tan sensible como la política exterior y sus posibles consecuencias para territorios como Ceuta y Melilla.

Desde el entorno político de Isabel Díaz Ayuso se ha señalado con claridad la irresponsabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez en materia de política exterior. La crítica no es menor. Se advierte que determinadas decisiones del Ejecutivo han debilitado la posición estratégica de España y han abierto escenarios de incertidumbre que afectan directamente a enclaves especialmente sensibles desde el punto de vista geopolítico.

El argumento que sostiene el PP de Ayuso parte de una premisa clara. La política exterior no puede gestionarse desde la improvisación ni desde concesiones que alteren equilibrios estratégicos delicados. Cuando un gobierno actúa sin medir las consecuencias de sus decisiones en el ámbito internacional, el riesgo no es solo diplomático. También puede tener implicaciones territoriales y de seguridad.

Sin embargo, cuando se observa el discurso del PP de Vivas en Ceuta, la sensación es la de estar ante una realidad política completamente distinta. Mientras desde el PP de Ayuso se advierte del peligro de determinadas decisiones del Gobierno central, desde el PP de Vivas se transmite un mensaje tranquilizador que descarta cualquier tipo de amenaza o incertidumbre.

El contraste no puede ser más evidente.

Lejos de cuestionar la política exterior del Ejecutivo, el presidente de la ciudad autónoma ha optado por una defensa explícita del marco político impulsado por Pedro Sánchez. No se trata únicamente de una postura prudente o institucional. Lo que se percibe es una actitud política que se acerca más al alineamiento servil que al ejercicio de una posición crítica en defensa de los intereses propios de Ceuta.

Ese posicionamiento revela una dependencia política difícil de ocultar. El PP de Vivas parece más preocupado por mantener la estabilidad institucional y el flujo de recursos presupuestarios procedentes del Gobierno central que por analizar con rigor las implicaciones estratégicas de determinadas decisiones en el ámbito internacional.

Pero el problema no se limita a esa dependencia.

Existe además una profunda desconexión entre la realidad geopolítica actual y la forma en la que Juan Vivas interpreta el contexto en el que se mueve Ceuta. El discurso que emana del PP de Vivas parece construido sobre un marco mental anclado en el pasado, como si las relaciones políticas en el Mediterráneo occidental continuaran funcionando con las mismas reglas que hace décadas.

La realidad es muy distinta.

El equilibrio estratégico en el norte de África ha cambiado de forma significativa en los últimos años. Las dinámicas diplomáticas, las alianzas regionales y las prioridades de los actores implicados se han transformado profundamente. Analizar este nuevo escenario utilizando categorías políticas de otra época no es una muestra de prudencia, sino una forma de negar la realidad.

No porque una interpretación funcione en la cabeza de Vivas significa que esa misma lógica se corresponda con lo que ocurre fuera de ella.

Esa desconexión resulta especialmente preocupante cuando afecta a una ciudad como Ceuta, cuya estabilidad depende en gran medida de la lucidez política y estratégica de quienes la gobiernan.

A esa falta de realismo se suma otro elemento inquietante. El PP de Vivas ha desarrollado una forma de hacer política en la que la prioridad parece centrarse en la gestión presupuestaria y en la preservación de determinados equilibrios de poder antes que en la defensa firme de los intereses estratégicos de la ciudad.

Cuando la política se reduce a la administración de recursos y a la dependencia del Gobierno central, el margen para ejercer una posición crítica desaparece. En ese punto, la autonomía política deja de existir y la acción pública comienza a adaptarse a los intereses del poder del que se depende.

El resultado es un liderazgo político incapaz de advertir la gravedad de determinadas decisiones que afectan al marco estratégico de Ceuta. Incapaz también de comprender que la política internacional ya no se mueve en los parámetros que guiaban las relaciones diplomáticas del pasado.

La fractura discursiva entre el PP de Ayuso y el PP de Vivas no es solo una cuestión retórica. Es la prueba de que dentro del mismo partido conviven visiones completamente distintas sobre cómo interpretar la realidad política actual.

Mientras unos alertan de los riesgos derivados de la política exterior del Gobierno de Sánchez, otros optan por una defensa acrítica de ese mismo marco político.

Un partido que mantiene discursos opuestos dependiendo del lugar desde el que habla difícilmente puede ofrecer una estrategia coherente para afrontar los desafíos del presente.

Y cuando esa incoherencia afecta directamente a un territorio tan sensible como Ceuta, el problema deja de ser meramente político para convertirse en una cuestión de responsabilidad histórica.

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