Los cerca de 900 residentes, a pie y en furgoneta, dejaron vacías las instalaciones en diez minutos, en una operación calificada por el director como de “éxito” l Aguardaron en la playa
“Tranquilidad, de uno en uno, es por precaución”. Con tales palabras, pronunciadas bajo la supervisión de Carlos Guitard Banet, director del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), los cerca de 900 residentes que actualmente se encuentran en tal lugar, fueron desalojados, en torno a las 13:00 horas, ante el peligro que aún había de que el incendio desatado en el Monte de la Tortuga se propagara, afectando más hectáreas de la zona.
De tal manera, las instalaciones del CETI fueron desalojadas en un tiempo aproximado de diez minutos, quedando sólo por salir en última instancias aquellos residentes afectados con alguna lesión o dolencia. Guitard calificó el modo y resultado de la operación de emergencia como de “éxito”, al tiempo que destacó en declaraciones para El Faro el “magnífico comportamiento” que tuvieron los residentes, quienes, al comprender la gravedad de la situación, se mostraron cooperadores en todo momento y descendieron a pie el monte –excepto los convalecientes, que lo hicieron a bordo de una furgoneta– hasta aguardar luego en la playa de Benítez y alrededores.
No obstante, el desalojo dejó ciertas inquietudes, finalmente resueltas, gracias a la vuelta de la normalidad horas después: “Mi dinero, mi dinero”, repetía un residente, “tengo mi dinero dentro, en la habitación”, repetía, en francés, preocupado también por sus pertenencias. Informado y tranquilizado por su compañeros, descendió también la cuesta sin mayor apuro, hasta llegar a la playa, donde se encontró con compañeros.
Cruz Roja, Voluntarios y CNP coordinaban el servicio que precisaba una situación así, de alerta y excepcional. “No hemos atendido a nadie, sólo nos acercamos a ver cómo estaban una mujer y su bebé y vimos que no necesitaban atención”, señaló Cruz Roja a pie de playa. Justo al lado, un corrillo de siete residentes aguardaban a que llegaran noticias de la mejor manera posible, disfrutando del deporte, pues jugaban a que una pelota de tenis no tocara la arena: “Je suis Messi, je suis Messi”, decía uno de ellos, que encontró acto seguido una respuesta contundente: el dedo de otro residente se señalaba la espalda de su camiseta del Real Madrid: ‘Cristiano Ronaldo’, se podía leer. “Lo peor del desalojo es que es la hora de comer”, se lamentaba otro inmigrante, mientras se palpaba el vientre, como corroborando sus palabras.
¿Y si no hubieran podido retornar al centro, hecho que se produjo horas después? Entre las alternativas, se encontraba la ofrecida a Delegación del Gobierno por parte de la Diócesis de Cádiz y Ceuta: habilitar el Centro de San Antonio, en la barriada Juan Carlos I, para acoger a todos los residentes que hubieran podido caber, alrededor de una veintena.
No hizo falta ‘tirar’ de la solidaridad de instituciones, pues el CETI volvió a estar operativo toda vez que el fuego quedó controlado, ese incendio que al mediodía y desde la playa de Benítez se veía aún descomunal.
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