VENCIMOS al terrorismo de ETA y volveremos a hacerlo. Esta vez quien reta a nuestro sistema de valores, basado en los derechos humanos y las libertades individuales, son asesinos que intentan esconderse tras una religión como antes otros trataron de ocultarse tras un pueblo. Los valores democráticos son nuestra principal arma frente a la sinrazón, la barbarie y la locura de quienes creen que pueden utilizar como moneda de cambio la vida de personas inocentes.
Es una batalla que vamos a ganar, pero en la que es necesario que luchemos juntos todos los que creemos en la civilización frente a la demencia asesina. Es imprescindible redoblar nuestra confianza en el Estado de derecho, en la Justicia y en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Pero además, es necesario dar muestras de valentía. Sin olvidar el apoyo incondicional a las víctimas, a sus familiares y amigos, hace falta plantar cara a los terroristas retomando los ciudadanos cuanto antes la rutina de nuestra vidas, sin dejar que los atentados de París trastoquen nuestras convicciones, creencias o ideología. Es fundamental demostrar, por un lado, a las familias de los fallecidos y heridos que las muertes y el dolor de sus seres queridos merece ser honrado sin hacer la más mínima concesión ante los terroristas. Y por otra parte, hay que hacer perder a los asesinos toda esperanza de que sus crímenes puedan llegar a alterar en algo nuestro sistema de valores.
La unidad, las convicciones democráticas, los derechos humanos, las libertades individuales... son nuestras armas como ciudadanos para combatir y derrotar a los terroristas. Y tenemos que saberlas empuñar sin ánimo de venganza, haciendo uso de ellas con todas las garantías que nuestro sistema contempla a la hora de impartir justicia. La democracia con la que pretendían acabar los asesinos de las 129 víctimas inocentes de París será lo que permita derrotar a los terroristas si sabemos defender sin temor nuestros valores.





