No me gusta que los partidos políticos se adueñen de términos que nos son comunes a todos. No me gusta que exploten el concepto de lo democrático para lo que quieren, estableciendo separatismos, creando clases, poniendo etiquetas a unos y a otros de acuerdo a sus propios intereses. Por eso no me gusta leer que un senador popular publique una colaboración en este medio en la que cita textualmente: “Todos los que creemos en la democracia, teníamos que estar ese domingo soleado allí, y todos los días –ahora que se están produciendo la salida de asesinos en cascada–, apoyando a las victimas y sus familias...”. Así que como yo no estuve en esa concentración debe ser que no creo en la democracia, no estoy a favor de las víctimas de los terroristas de ETA. Miren, con la de pelotazos de goma que han pasado a mi vera cada vez que venía de la Universidad, regresaba andando a mi Casco Viejo y las manifestaciones (duras las de aquella época) eran episodio común casi todas las noches... y ahora no paso por la criba del senador.
La idea de José Luis Sastre, con su “¿Dónde están los Wally-Caballas?” habrá sido la de seguir una consigna que, a modo de fobia, parece estar anclada en el PP: atacar a los de Alí por eso de que parecen el germen del radicalismo contra el sentimiento Perejil-español que instauró Josemari. Cada uno es libre de desarrollar su política a su forma, el PP también hasta el punto de mandar a sus parlamentarios a escribir o informar de conclusiones desbaratadas y torpes. Porque si fue torpe el diputado Márquez ensalzando el españolismo de la Pública tras evitar hablar sobre su estampida televisada, más aún lo ha sido el senador Sastre erigiéndose en amo del calabozo con mando en plaza para señalar a quien es auténtico demócrata y quien, por contra, ni cree en el sistema ni en las libertades... por lo que debe estar posicionado en el lugar de los radicalismos.
Son asuntos tan serios que a mí, particularmente, no me infunden más que pena. Pena por ver que los partidos son capaces de manipular hasta logros comunes puros e históricos. Pena por ver lo pobres de argumentos que pueden llegar a ser.
El senador Sastre podría preguntarse no dónde estaban los ‘Wally-Caballas’ el día de la concentración de las víctimas del terrorismo; mejor haría en buscar una explicación a por qué las víctimas en aquella concentración del domingo no se colocaron al lado de los políticos. Se situaron en frente, quizá en su partido le puedan dar una explicación de un gesto que no debió pasarle desapercibido.





