Un delito de odio es cualquier infracción penal (como agresiones, amenazas, cometidas contra una víctima seleccionada por su conexión, real o percibida, con un grupo vulnerable o discriminado). Los motivos principales son: ataques que se basan en prejuicios o intolerancia hacia características como la raza, etnia o religión o creencias.
La polémica se produjo en las oposiciones convocadas por la Administración General del Estado. Según la versión de la afectada, el conflicto, según se especifica, surgió por las maneras en el que se llevó el segundo control de seguridad durante la prueba.
La opositora no entendió los requerimientos de los funcionarios.
La denunciante y el letrado aseguran que existió una insistencia selectiva hacia su persona, que ella interpretó por su conndición religiosa.
El abogado declaró que se produjeon “vejaciones y humillaciones por el simple hecho de llevar un hiyab”. La opositora se quitó la prenda sufriendo un ataque de ansiedad.
Ante lo ocurrido, la Policía Nacional se presentó en la sala.
Acto seguido, la mujer fue llevada al Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) por sufrir una crisis de ansiedad.
La afectada entendía muy bien el protocolo y las normas, pero para ella resultó incomprensible que una vez dentro del aula tuviera que ser sometida a una segunda revisión en la que tuvo que acomodarse el pañuelo para dejar al descubierto las orejas.
Supuestamente al estar conversando con alguien se le volvió a llamar la atención. El abogado afirma que quien estaba al frente de la organización, el secretario general en la Delegación del Gobierno: “Al dirigimos a él se limitó a decir que estaban haciendo su trabajo y se negó a dar los nombres de los funcionarios; dijo que lo denunciáramos a él”.
No se pueden imaginar ustedes la que tenemos en los institutos y en las universidades con el asunto de copiar; la situación es abrumadora y se nos escapa de las manos: pinganillos, cámaras, nanotecnología, móviles, inteligencia artificial, dictado de exámenes mientras alguien que se encuentra fuera de la sala, resuelve el ejercicio y lo comunica al examinando.
Ante la proliferación de dispositivos como pinganillos, relojes inteligentes y gafas con IA, varias comunidades autónomas han implementado el uso de detectores de radiofrecuencia e inhibidores en las sedes de los exámenes de la PAU (Selectividad). Su objetivo es asegurar la igualdad de oportunidades durante las pruebas.
Ya ha habido un caso en las PRUEBAS MIR.
Luego le preguntas al alumno sobre algo que ha redactado en el examen y no se acuerda de nada, le asiste el derecho a la presunción de inocencia y tu berrinche te lo comes con papas.
Si esto es un delito de odio que venga Dios y lo vea. Un tribunal puede demandar, las veces que considere oportuno, las comprobaciones que estime convenientes pues seguro que habrá una prueba indiciaria para la sospecha.
No será este cañonazo quien dé y quite razones aunque de “ delito de odio” nanai de la China.
La discriminación por motivos religiosos rozan la evidencia en nuestra ciudad, aunque se den en un silencio indetectable como los pinganillos al uso.
Ante una población mitad musulmana hagamos una estadística: ¿Cuántos profesores musulmanes trabajan en institutos y colegios de Ceuta? ¿Cuántos funcionarios musulmanes hay en el Ayuntamiento? ¿Qué piensa Vox sobre los ciudadanos musulmanes? ¿Un barrio musulmán? ¿Padres que deciden buscar otros colegios porque hay muchos moros y falsean el padrón? ¿Cuántos profesores de religión musulmana y de religión católica existen? ¿El mismo trato en la aduana?
¿Índice de probreza? ¿Índice de paro? ¿A quién para más la policía al identificarse para subir en las navieras? ¿ Directores y directoras musulmanas en colegios e institutos? ¿ Qué proporción hay entre las trabajadoras del hogar? ¿Cuántas cuidadoras hay? ¿Una amonestación por hablar Dariya en una charla entre alumnos o en un recreo, sea cual sea el alumno?
¿ Six-Seven? ¿50% y 50%?
Flaco favor le ha hecho la opositora a la comunidad musulmana: le ha dado carnaza a los racistas.
Vamos a pedir las estadísticas para no llevarnos a engaño.







Comparto con Ud parte de lo planteado y lo he esgrimido en mis comentarios desde la palestra, aún siendo consciente del linchamiento y de la tergiversación de mis palabras por parte de los RASESTAS de turno,esperando que no sea una cuestión de falta de comprensión lectora, aunque le aseguro, sin faltar a la propia modestia, lo hubo a porrones.
A colación de su línea expositiva, el Tribunal ejerció su función fiscal en el ejercicio legítimo de sus funciones, a pesar de las interpretaciones que se hayan dado al caso, en los que la opositora no supo gestionar sus emociones, sin entrar en la literatura de suposiciones y cruce de acusaciones, y en unos protocolos que deberían contrarrestar el uso de los dispositivos de radiofrecuencia sin alterar el clima y la concentración que se exige en una oposición a la AGE en la que concurre cualquier ciudadano que reúna los requisitos de la convocatoria, y en ellos, no especifica si debe o no llevar hiyab.
Por desgracia, este lamentable suceso, al que vuelvo animar desde aquí a la joven opositora a presentarse a la siguiente convocatoria, con mayor capacidad de autogestionar sus emociones, independientemente de esta situación anómala, que para su mundo interior, era una agresión a su identidad e integridad como mujer musulmana, es un caldo de cultivo en el que han aflorado, a través del anonimato de las redes sociales, la crueldad del ser humano.
Más que nunca la resiliencia a disposición de esta joven será motivo más que suficiente, para que obtenga su ansiada plaza en la función pública, gracias a esos RASESTAS que la usaron como carnaza para manifestar lo más ruin que hay en ellos, la maldad del ser humano que puesta en combinación con la ignorancia, generó este lapidamiento social en las redes, y ya no por su conducta ética de copiarse o no, sino por llevar un pañuelo que la identifica y la reafirma, sin entrar en interpretaciones si esa reafirmación es generalizada o universal para todas las mujeres musulmanas, cuando se parte del criterio que se trata de una decisión exclusiva que atañe a la mujer sin injerencias o presiones sociales y familiares en el uso del hiyab.
Volviendo a esa combinación nefasta de maldad e ignorqncia, me quedo con la cita del genial Galileo Galilei: "La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios.",
Un saludo.