Sin duda, a mí me gusta escribir, y si a alguien le gusta leerlo, ¡miel sobre hojuelas!, y si no, como yo disfruto escribiéndo. Pues… ¡no pido nada más! Más ahora, que estamos en la Feria del Libro y que considero necesaria para animar a nuestros niños a acariciar, leer y soñar con los libros, me apetece escribir algo sobre ellos. Y por eso quiero escribir un cuento de niños, para que cuando crezcan y antes de que la vida les haga hombres importantes y serios ¡que nunca olviden lo que fueron sus bellos sueños! Porque… no sé si alguien más lo sabe, pero en las noches de los niños se les cuentan muchas cosas en sus sueños. Y en mi niñez, a mí personalmente, mis sueños me contaban muchos de ellos, todos maravillosos e inimaginables para los mayores. Luego el tiempo y la adultez hicieron que olvidara muchos de ellos. Pero todavía conservo grabados algunos de estos viajes maravillosos que en mi dormir siempre me acompañaban. ¡Y hoy, quiero contar uno de ellos!
Pues bien… veréis… no es que esto sea cierto o que esté escrito en ninguna parte, pero yo lo creo… porque me lo susurró un bello sueño de niños. Si… ese mundo imaginario donde todo es posible y en el que todavía no tenemos edad para analizar la realidad de las imágenes diarias que nos dan todas las cosas. Y esto es una historia del sol y de las nubes que todos los días nos acompañaban a quienes miran siempre hacia el cielo. ¡Porque sólo es para ellos por los que brilla el sol!
Y ese sueño me contó algo que para muchos creerán que no es posible, pero que todos los niños sabíamos que era cierto. Y es que un día, dentro de la semana de la creación, Dios vio que había hecho bien el mundo y ya estaba la tierra y el firmamento. Pero que el firmamento era negro y oscuro y que casi… casi daba miedo a los que animaban la tierra. ¡Y esto le daba mucha pena! Así…de esta manera, porque Dios es muy bueno, pensaba con bondad en como acabar con ese miedo En algún momento, vio crecer en la tierra una bella margarita, blanca y amarilla y la recogió en su regazo con cariño. ¡Esta margarita era muy grande… muy grande… grandísima... y se embelesó con su color amarillo y blanco! Y fue entonces, que no antes ni después, que se le ocurrió una idea genial.
Si al suelo le daba miedo el oscuro cielo, iluminarlo con una hermosa lámpara que le diese luz todos los días acabaría con el miedo. Así… no lo pensó más y clavó con sus manos invisibles la margarita al cielo. Y viendo que el cuadro quedaba bien, le dio luz y calor. Fue entonces, que el firmamento se iluminó para la tierra haciéndose transparente en su azul cielo que todos conocemos. ¡Y sonrió feliz de haber hecho otra vez bien las cosas!
Pero, fue después, casi… casi al instante, que vio que los pétalos blancos de la margarita se quemaban con el calor que el corazón amarillo de la flor despedía. Y preocupado separó lo pétalos blancos de su centro quemador. Y dejo que, lejos de su corazón, jugasen con el viento libremente en el cielo. Y fue entonces que vio que todo estaba bien hecho. La tierra sonreía, el amarillo corazón de la margarita brillaba y calentaba todo su alrededor y que además los pétalos volaban libremente por un cielo iluminado, dejando que su creación mirase al cielo sin miedo. Y de esta manera, que no de otra, se creó en mi sueño nuestro cielo. Por eso vemos que a veces los blancos pétalos de la margarita se alejan mucho del sol y que las gotas de lluvia se resguardan en ellas haciéndolas oscuras y… casi… negras que dan miedo. Pero no hay problema, ya que Dios decidió que cuando más se acercaran al sol, este las calentaría devolviendo el agua robada a la tierra. Desde entonces, con el sol de centinela siempre los pétalos libres de las margaritas recuperan su blanco color. ¡Desde entonces, se mantiene la creación como Dios quiere que sea! Y así están las cosas, el corazón de la margarita calentando e iluminando la tierra, mientras sus pétalos vuelan libremente dando color al cielo que él mismo alegra.
¡Y colorín…colorado…este cuento se ha acabado! Todos los cuentos, y muchos más, los niños pueden leerlos en los gigantes que antes los escribieron. ¡Así, que todos los niños a comprar cuentos!
Algún día contaré otros cuentos sobre las arañas, cucarachas y gusanos en sus agujeros… pero ésos son otros cuentos para mayores serios y orgullosos de su importancia social.
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