La Ciudad celebra hasta mañana tres días de puertas abiertas en el Teatro Auditorio del Revellín con la intención de “socializar el entorno después de un año”
Es objeto de chascarrillo entre los ceutíes el volumen de hormigón que dio lugar a la manzana. La plaza del Revellín albergó también otras frutas y una alta variedad de género alimenticio cuando fue mercado. La realidad, la que conocen todos los ceutíes con un mínimo de edad, es que el espacio de la actual Manzana del Revellín ha sido de todo. Así se comprueba en la exposición de fotografías que tiene lugar en el interior del edificio del auditorio: un cuartel, una comisaría, un depósito de vehículos, un recinto de espectáculos musicales, de competiciones deportivas o donde se llegaron a celebrar los carnavales. Hasta que llegó Álvaro Siza.
La obra del arquitecto portugués ha dado que hablar entre los ceutíes. Pero más debe hablarse todavía. Esa es la intención de la Consejería de Educación, Cultura y Mujer, que inició ayer un periodo de visitas guiadas para explicar los fundamentos constructivos de la plaza. “La idea de la consejería era, tras un años de funcionamiento, la de socializar el espacio”, explicó Gabriel Fernández Ahumada, guía de estas jornadas de puertas abiertas del Teatro Auditorio Revellín que permanecerán hasta mañana. Los ciudadanos que así lo deseen podrán recoger las invitaciones en el Punto de Información Cultural de la Gran Vía y dispondrán de tres turnos vespertinos al día: a las 16:30, 17:30 y 19:00, en visitas de unos 50 minutos.
Las visitas matutinas son para sectores ciudadanos concretos. Hoy y mañana están previstas las asistencias de sendos grupos de alfabetización del Príncipe. Ayer fue el turno de un grupo de estudiantes de Turismo. “Se trataba de conjugar la dualidad idea-espacio”, señaló Fernández Ahumada al referirse a la obra de Siza antes de acceder a mostrar el interior –la zona donde cabía apreciar la sonoridad de los espacios y el sistema de incendios–. El guía, que hablaba a otros futuribles guías, hizo notar la sensibilidad constructiva ante los “volúmenes preexistentes”, así como de la creación de un sistema “corredor-plaza” propio del urbanismo de origen andalusí. Tanto hormigón para acentuar un espacio abierto. Cosas de un Pritzker.
La sonoridad del auditorio
Debajo de la plaza hay todavía tres plantas más. Ese es uno de los secretos que mejor guardó Álvaro Siza, tanto que es necesario ser explicado un año después. Pero también está el interior y su tecnología. El diseño del escenario del Auditorio fue diseñado por el ingeniero Daniel Cummings. Las medidas: 26 metros de ancho, 22 metros de alto y 12 de profundidad, resaltando un caparazón acústico que proporciona a la sala de dos alturas y capacidad para 621 personas una notable sonoridad.
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