Un gimnasio enseña a mujeres contrallaves y otras técnicas en las que se usan paraguas, bolígrafos o peines para repeler los ataques de posibles agresores Ella entra en el garaje subterráneo después de una cena con los compañeros de trabajo. Camina sola por los pasillos del parking para recoger su vehículo. De repente, percibe que alguien le sigue. Puede ver su reflejo en la luna del turismo estacionado a su derecha. Es un hombre, encapuchado, que acelera el paso tras ella. La mujer sujeta la llave del coche con fuerza dentro de su bolsillo. Se da la vuelta y el atacante se lanza sobre ella sujetándole el cuello para estrangularla. Con lo que no cuenta el agresor, es que esta joven ha recibido clases en defensa personal femenina. En un abrir y cerrar de ojos, la fémina presiona la punta de la llave contra la garganta del asaltante. Afortunadamente, es tan solo un simulacro que se reproduce en un gimnasio aunque posible en la vida real.
"No se trata de hacerte el héroe, sino de repeler el ataque y en todo caso huir", explica María del Mar De Reyes, propietaria del centro de fitness Polux, donde se imparten estas sesiones. Francisco Román, maestro del arte marcial Muay Thai además de ser escolta y tener dos master en defensa personal, es el encargado de adiestrar a las inscritas. "Prefiero enseñar diez técnicas bien que 500 mal", asegura el profesor; "resultan factibles en la calle y permiten utilizar elementos tan comunes como un paraguas, un peine o un bolígrafo".
Ambos coinciden en que, gracias a estas clases, las alumnas se sienten "más tranquilas y tienen más confianza en sí mismas". De Reyes sostiene que percibe un "ambiente de inseguridad" y aclara que no es un fenómeno "exclusivo de la periferia" porque en el "centro de la ciudad también puedes encontrarte una sorpresa desagradable". A modo de ejemplo, esta monitora de aerobic habla del regreso a casa después de salir un fin de semana en el Poblado Marinero o que un desconocido se cuele en el ascensor o en el portal del edificio en el que entra una mujer.
De Reyes y Román sostienen que esta "actividad sube el autoestima de las mujeres" y recuerdan que los casos de "violencia de género están a la orden del día" así que, continúan, las enseñanzas del maestro contribuyen a que la víctima pueda escabullirse ante posibles actitudes agresivas. La dueña del gimnasio también la recomienda para adolescentes que por circunstancias de la vida "hayan tenido o puedan tener estas malas experiencias". De hecho, apunta De Reyes, una madre y su hija asistenten a las clases que se imparten de lunes a jueves.
El monitor de Muay Thai asegura que estas sesiones de defensa personal para mujeres están muy extendidas en otras ciudades como Valencia o Barcelona. Román lamenta que entidades como el Centro Asesor de la Mujer y el Instituto Ceutí de Deportes hayan declinado su oferta de impartir las mismas clases. La intención del gimnasio en el que trabaja es que sus lecciones se prolonguen en el tiempo y tengan continuidad.
Asimismo, Román adiestra a los 16 alumnos de la clase, en un 50 por ciento mujeres, en contrallaves para zafarse de los agresores. Entre las escenificadas por el maestro e Irene, una de las alumnas, destaca la denominada del cocodrilo. "Cuando la víctima está tirada en el suelo y sujeta por los tobillos, la mujer logra quitarse de encima al agresor girando sobre sí misma como haría el reptil que le da nombre", expone el monitor.
Los responsables de la sesión invitan a las mujeres que lo deseen a probar una clase gratis y garantizan que no existe peligro y que en el desarrollo de las sesiones todo se organiza con extremo cuidado.






