El coronavirus ha llegado a nuestras vidas para separarnos de forma brutal. Son muchas las familias que están sufriendo por el contagio de sus seres queridos y el aislamiento de otros. Son situaciones brutales, de drama, de esas que te rompen por dentro, que te desmoralizan. En los últimos días los casos de positivos han aumentado, y con ellos los de familias que están atravesando momentos muy complicados. Los positivos en coronavirus son mandados a sus casas, separados de sus seres queridos que tienen que estar en aislamiento. ¿A nadie se le ocurre habilitar ya el ‘Puerta de África’? Hay afectados que viven solos en sus casas, en donde mientras el contagiado está solo en una habitación el resto de su familia está separada y aislada. Es imposible evitar nuevos contagios y a los datos me remito: los nuevos positivos en coronavirus están relacionados con otros que ya habían ‘caído’ antes. Y así la cadena no parará. Las autoridades sanitarias dicen estar en lo correcto. Perdonen, yo no lo veo y como yo muchas personas que no entienden cómo de la noche a la mañana se manda a un positivo a su casa, se le pide un aislamiento que en muchos casos no se puede cumplir y se expone a toda una familia a ser contagiada o a vivir bajo la amenaza. Ya no es el daño físico del virus, sino el psicológico que está afectando de lleno a muchas historias que hay detrás de esas cifras oficiales dadas a conocer.
Entre los afectados hay una mujer luchadora, fuerte, a la que muchos admiramos porque se ha dejado la vida y la piel en lo que mejor sabe hacer: su oficio; porque no se ha cansado de darlo todo por quienes muchos desprecian, porque ha demostrado su coraje en todo lo que ha hecho, en todas las facetas en las que ha estado vinculada -hayamos comulgado o no con sus ideas-. Es una mujer sin pelos en la lengua y valiente. Ahora se enfrenta a un virus en la soledad a la que estos casos te confinan. Sin poder salir de casa, sin tener contacto con nadie, aislada, dejada de sus seres queridos y de los muchos amigos que la aprecian por ser como es. Yo sé que saldrá adelante y que al final me tendrá más de una hora al teléfono para contarme su batalla. Porque cuando empiezas una conversación con ella, prepárate a dejar que pasen los minutos para hablar y hablar de todo y de más.
La vida nos ha colocado en un punto de no retorno. Porque nada va a volver a ser lo que era, este virus nos va a cambiar, nos debe hacer recapacitar. Que todavía haya quienes lo toman a broma es digno ya no de enojo sino de lástima. Mucha fuerza para todos, para los que lo están padeciendo y para quienes en silencio sufren todo lo que rodea su existencia.







Dejar en casa a los positivos: no es peor el remedio que la enfermedad?
Y aqui lo dejo . . .