Cierto es que las manifestaciones vertidas ayer por la senadora popular Luz Elena Sanín no fuero todo lo afortunadas que debieran. Eso de defender la retirada del pasaporte a las embarazadas marroquíes para que no entren en Ceuta y así no den a luz en el Hospital es, además de ilegal, descabellado. Sanín no puede decir, como hizo, que efectuaba esas declaraciones a “título personal y particular”, ya que lo hace en la sede de un partido y no tomándose un café entre amigotes. La crisis ha provocado la adopción de medidas restrictivas en sanidad, y entre ellas se lleva la palma la relacionada con la atención a extranjeros. Controlar ese gasto es una demanda lógica, pero de ahí a defender unos extremismos como el veto en la frontera a embarazadas... va un abismo. Las críticas nacidas de la oposición son acertadas ya que hasta el propio PP debería haber reconocido a estas alturas que se ha dado un buen resbalón.





