No sé si llegará el día en que la sociedad pare, reflexione y pida un cambio. Lo pida ante toda esta locura en la que nos vemos atrapados, en donde la falta de valores se une al uso malicioso de las redes suciales. Lo que pone en esas redes da pie a movilizaciones, hasta el punto de convocarse manifestaciones en base a informaciones falsas porque sus convocantes no se han parado a pensar por qué hacen lo que hacen: solo les interesa salir en la foto. No sé si llegará el momento en el que digamos ‘basta’. Quizá en esta degeneración global, en la que nos interesa más los likes y las amistades virtuales que encontrarnos a nosotros mismos y actuar como seres racionales, nos sintamos a gusto, como puercos en charca. ¿Para qué pensar?, ¿para qué dejar que quienes saben actúen?, ¿para que reposar una realidad en vez de vomitarla?
Todo se mueve demasiado rápido, tanto que ni pensamos lo que hacemos, nos hemos convertido en esos robot que aparecían en las películas de ficción que veíamos de chicos. Nos decían que ese iba a ser el futuro, no se equivocaron, nos hemos transformado en garabatos de la humanidad. El ‘me han dicho’ pasa a ser ‘lo he visto’, aderezado por un ‘me viene de muy buena fuente’... y así caemos en nuestra propia enfermedad de inventarnos historias y creerlas para, después, salir a las calles pidiendo ¿el qué?, ¿lo imaginado?, ¿lo que creeemos que es?, ¿las mentiras transformadas en verdades figuradas para justificar lo que queremos?
No sé, hay demasiado gusto por el protagonismo, demasiado falso héroe suelto que compra su capa y espada a sabiendas de que contará con miles de borregos capaces de sumarse a una causa interesada porque nunca se preguntarán por qué lo hacen ni con qué sentido.
Espero que llegue ese momento de decir ‘basta’, de plantarse en el camino y retroceder hasta encontrarnos, de dejar de ser unos tontos con balcón a las redes y vivamos nuestras vidas reales como lo que son, no como lo que queremos que los demás nos vean. Quizá si conseguimos detener esto a tiempo podremos buscar el antídoto para que la próxima generación tenga una esperanza de vida real mejor de la que le estamos dejando en bandeja.







Es una de las cosas más interesante que le he leído y mire que demuestra humanidad cuando escribe sobre esas personas sin nombre que son enterradas en Santa Catalina,son de las pocas voces que demuestra su repulsa ante tanto desprecio, ante tanto odio.
Nada de SIGLAS, nada de NOMBRES, son culpables ? tienen su parte muy importante de culpa, pero no serian absolutamente nada sin el apoyo que una parte de la sociedad descerebrada les da.