La memoria de la Fiscalía recogía la “situación grave” que se vive en Ceuta al no disponerse de una entidad pública que asuma la tutela de las personas que están en situación de discapacidad y en desamparo. Hemos conocido muchísimos casos en Ceuta, y los seguimos viendo, de hombres y mujeres que tienen sus facultades mermadas y que viven en la calle, duermen en portales o hacen vida como pueden -si eso se puede llamar vida-. Hay un descontrol absoluto en este campo, sin existir una entidad que pueda hacer o deshacer, intervenir de alguna manera para que esas personas estén recogidas.
Tampoco se dispone de albergues. Fíjense a qué situación hemos llegado que se ha tenido que habilitar a toda prisa un grupo de naves para meter a quienes entraron en mayo. Que sí, que fue un caso extraordinario y nunca previsto, vale. Pero es que no teníamos siquiera un triste albergue para dar cabida a quienes de la noche a la mañana se ven sin nada.
Y creemos que esas situaciones están alejadas de nuestra realidad. Somos demasiado torpes creyendo que nunca nos veremos en esa situación. La mente es demasiado débil y cualquier situación que no podamos asumir nos puede llevar a vernos en la calle al ser incapaces de salir adelante con nuestros medios y seguir ‘tirando’, como se dice.
Esas personas, esos invisibles con los que ni empatizamos, que evitamos en el tránsito diario, con quienes ni queremos cruzar mirada alguna, pueden ser el reflejo de una situación adversa que nos tenga de protagonistas.
Y ante este tipo de situaciones resulta que el sistema no funciona, resulta que carece de medios suficientes, resulta que no ha preparado la manera de afrontar esa falta de hogar, esa ausencia de un techo, que lleva a que en pleno siglo XXI siga habiendo gente durmiendo en la calle, escondiéndose de las miradas de los demás o atrapados en enfermedades mentales que les convierten en seres incapaces de pedir ayuda o de dejarse ayudar. Y ante eso no existe una entidad pública que actúe de inmediato para trasladarlos, para disponer de un espacio de recogimiento.
Quizá nos hayamos vuelto demasiado egoístas como sociedad, sin reparar en que un día nosotros podemos ser los débiles.






