EL FARO revela hoy un informe que causa sonrojo y debe servir para que seamos conscientes de las condiciones en las que está trabajando el personal de nuestros centros sanitarios.
Los datos no se refieren a la escasez de médicos y enfermeros en comparación con la cantidad de pacientes a los que han de atender, sino a algo mucho peor: las agresiones de las que son objeto estos trabajadores por parte de algunas personas que se creen con carta blanca para hacer lo que les venga en gana.
El año pasado, Melilla fue la autonomía que registró la mayor tasa del país en agresiones a médicos, con una media de 28,47 por cada mil colegiados.
El dato asusta, teniendo en consideración no sólo el alto número de ataques a estos profesionales, sino la diferencia con las demás regiones españolas. De esta forma, nos siguen a larga distancia Extremadura, con 4,50 casos por cada mil médicos, y Ceuta, con 3,09.
Así lo indica el Observatorio Nacional de la Organización Médica Colegial (OMC), que especifica que el año pasado ocho sanitarios fueron agredidos en Melilla. Estos lamentables sucesos suponen casi el mismo número que los habidos en la Región de Murcia (nueve), con la diferencia de que en esa comunidad hay una población tremendamente más numerosa que la de nuestra ciudad (1,4 millones de habitantes frente a poco más de 85.000).
Si nos remontamos al periodo iniciado en 2010, los ataques físicos a médicos en los centros sanitarios melillenses llegan a los 23.
Gran parte de las agresiones se debieron a discrepancias por la atención médica, aunque también las hubo por críticas al tiempo en el que el personal sanitario tardó en asistir a los pacientes. Asimismo, algunas agresiones estuvieron originadas en discrepancias sobre las recetas propuestas por los propios enfermos.
Es indignante que algunos pacientes y quienes los acompañan piensen que pueden resolver algo dando una bofetada a las personas que se esfuerzan en atenderlos. Los profesionales médicos ya trabajan en condiciones lo suficientemente complicadas, teniendo que atender a un alto número de pacientes, para además deber estar alerta frente a unos energúmenos que se creen por encima de los demás.





