¿Cuánto tiempo dedicamos a hablar de los planes estratégicos?, ¿cuántas veces hemos salvado Ceuta haciendo informes en los que dejamos negro sobre blanco los males y las soluciones?, ¿en cuántas ocasiones hemos dado con la tecla para conseguir la localización de los yacimientos que iban a aportar un futuro para nosotros y nuestros niños? La cuenta, al menos en mi caso, la he perdido. Ni puedo recordar cuántos artículos habremos escrito mentando comparecencias y presentaciones de informes en los que se suponía que se recogían las directrices para que dejáramos de mirarnos el ombligo con ánimo de dar con la solución.
Ceuta sigue más o menos igual. En su sitio, mirando hacia el frente pero también de soslayo por si las moscas. Seguimos yendo de flor en flor para, en el fondo, hablar de lo mismo. Siempre igual, nada cambia. Dando vueltas sobre lo que queremos -lo sabemos- y disfrazando esa búsqueda de soluciones con todas las galas habidas y por haber. Como si nada. Que si consultoras, que si encargo de informes, que si cumbres, que si expertos... todo para lo mismo y por lo mismo.
Pero resulta que yo veo a Ceuta siempre igual. Quizá es que sea muy difícil hacer algo por mejorarla o quizá es que seamos demasiado torpes como para que, sabiendo lo que queremos, seamos incapaces de ir subiendo peldaños.
Nos gusta ser plañideros, llorar y llorar porque somos menos que los demás. Nos gusta compararnos para ver las deficiencias y seguir llorando y llorando para que Madrid siga pagando y pagando. Nos gusta hablar sobre el mismo futuro con los mismos personajes para terminar yendo a la casilla principal como si nada, justo cuando estábamos ya llegando a la meta.
Turismo, la imagen de Ceuta, los beneficios fiscales, la atracción de empresas, el abaratamiento de las comunicaciones con la Península, el fomento del arraigo... y sigan enumerando todas esas premisas que nos sabemos al dedillo mientras nos echamos en brazos, ahora sí, de los planes estratégicos que salvarán nuestro mundo particular, el que nos hemos montado para, en el fondo, seguir con el mismo tablero de juego.
Sigamos debatiendo, escribiendo, escuchando y rotando sobre lo mismo. La Ceuta del futuro (no) nos lo agradecerá.






