Editorial

Cumplir con la tradición y la memoria marinera

Hay tradiciones que van mucho más allá de una fecha marcada en el calendario. La festividad de la Virgen del Carmen es una de ellas. Cada 16 de julio, Ceuta vuelve a mirar al mar para encontrarse con una parte de sí misma, con esa identidad forjada entre dos aguas, en los muelles, en las playas, en las embarcaciones y en las historias de quienes han hecho de la mar su forma de vida.

La Virgen del Carmen no es solo una imagen venerada. Es el símbolo de generaciones de pescadores, marineros y familias enteras que durante décadas han depositado en ella sus plegarias antes de hacerse a la mar y su agradecimiento al regresar a puerto.

Es la protectora de quienes conocen la dureza del viento, la incertidumbre de las aguas, los vientos de poniente y los desagradecidos de levante, y el sacrificio de una profesión que ha contribuido a construir la historia de esta tierra, Ceuta, y de la que aún queda rastro.

Por eso, la respuesta de los ceutíes vuelve a ser cada año tan multitudinaria. La ciudad acompaña a su Virgen porque la siente cercana, porque forma parte de su memoria colectiva. Lo hizo la Almadraba, reencontrándose con emoción con la imagen que sigue esperando el regreso a su capilla. Y lo hizo también el Centro, llevando a la Reina de los Mares hasta las aguas de la Ribera en una estampa que resume siglos de tradición marinera. Las procesiones del Carmen son también un homenaje a quienes ya no están. A los hombres y mujeres que encontraron en el mar su sustento, a quienes partieron y no regresaron, a las familias que aprendieron a convivir con las ausencias y a mirar al horizonte con esperanza. Son un reconocimiento a una forma de vida que ha marcado el carácter de Ceuta y que sigue presente en muchos de sus barrios. Pero también su procesión reúne tiempos de bienvenidas, con el paso de los más pequeños por la devota imagen en el firme deseo de que el gesto brindará buenos augurios y protección a su futuro, como marca la tradición.

En una ciudad rodeada por el mar, donde el litoral no es paisaje sino parte de su propia esencia de la ciudad, mantener viva esta tradición supone conservar un legado que pertenece a todos. Porque la Virgen del Carmen habla, cómo no, de fe, pero también de raíces, de pertenencia y de identidad, de una clara identidad marinera.

Y mientras cada 16 de julio los ceutíes vuelvan a echarse a la calle y a las playas para acompañarla, seguirá latiendo esa unión especial entre Ceuta y el mar que ninguna generación ha querido perder. Porque en el Carmen navega también la memoria de una ciudad entera, la memoria de Ceuta.

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