Pues sí. Ya que los políticos callan, la gente se mueve. Protesta, escribe, propone recogidas de firmas y patalea cuando considera que las cosas no se hacen bien. Y teñir todo un perímetro de concertinas que se transforman en cuchillos sobre la piel de los inmigrantes es, no ya una temeridad, sino un atentado potencial contra aquellos candidatos a la inmigración. Los países se blindan para intentar no perder el control sobre sus territorios. Pero hay formas y formas, modos y maneras de garantizar esa política (a mi juicio errónea) de contención de esa presión migratoria. En ninguna de esas vías está recuperar, como se está haciendo en Melilla, unas concertinas que fueron retiradas en su día y que son incluso más dañinas que las que hay colocadas en el perímetro ceutí.
Los Estados saben que no pueden luchar contra el deseo, humano, de querer prosperar. Todos lo hemos hecho, nos hemos movido de manera legal o ilegal hasta conseguir otra vida, quizá la que soñamos o quizá una parecida. Las políticas de veto al inmigrante han fracasado, hemos cubierto pozos sin fondo de dinero, vallando ciudades, blindando los pasos, pagando al vecino para que actúe sin analizar las formas de esa actuación aunque, de vez en cuando, nuestras conciencias se vean sacudidas por noticias que no interesan. En Lampedusa se hunden barcazas, en el desierto mueren de sed hombres, mujeres y niños que pretendían seguir la ruta hacia las ciudades hermanas. Eso pasa, es el reflejo de un África que se tambalea y pierde generaciones enteras. Y ante eso los Estados endurecen sus políticas policiales y gastan dinero en medidas que son claramente atentatorias, en algunos casos, contra los derechos humanos.
Hay asuntos que sí podemos controlar, en los que los gobiernos sí pueden influir, como es en la determinación de adoptar medidas sanguinarias contra los inmigrantes. Así, como lo leen, porque colocar unas concertinas de este tipo, que fueron retiradas porque se consideraron muy violentas, no van a provocar más que males mayores. Los propios guardias y policías, que de esto algo saben, ya advierten de que no suponen freno alguno. Los hechos lo demuestran, aquí hemos visto muertes de subsaharianos enredados y desangrados en las concertinas; otros han sido rescatados in extremis. ¿Por qué entonces este paso?, ¿para ocultar las vergüenzas de un Gobierno torpe que publicita el fin de la inmigración y luego se encoleriza porque no sabe como justificar lo gastado? Será eso. Hoy, decisiones de este tipo, son un arropo a la muerte.





